24 de octubre 2011 - 00:00

Porteños, entre el voto y el shopping

La tranquilidad y hasta el desinterés marcaron la actitud de los porteños ante los comicios de ayer. Las colas en los lugares de votación prácticamente no existieron y el promedio de espera para emitir el sufragio no superó los cinco minutos. Como viene sucediendo desde hace tiempo, los presidentes de mesa permitieron que los votantes ingresaran al cuarto oscuro con sus hijos chicos, y en muchas escuelas de barrios como Belgrano, Recoleta, Flores y Palermo las mesas con las boletas que encontraban los ciudadanos exhibían inequívocamente la decisión de muchos de ellos de cortar boleta, por las mitades de las papeletas dobles que quedaban descartadas allí.

Después de votar -más temprano esta vez que en comicios anteriores-, la gente se volcó a los lugares de esparcimiento como un domingo cualquiera; por eso los parques (pese a que el clima no fue perfecto) y los shopping centers estuvieron repletos de familias.

También fue notable la ausencia de fiscales en las mesas de muchos barrios porteños, otra muestra de falta de interés. Los militantes -según le confesó a este diario el fiscal general de PRO de una escuela en Palermo- en muchos casos fueron «ausentes sin aviso»; otras fuerzas como el duhaldismo directamente no mandaron a nadie y hasta el FpV recortó la presencia de sus fiscales en muchas zonas de la Ciudad.

Lo mismo pasó con muchas autoridades de mesa: solitaria en su tarea, la presidenta de mesa en una escuela del Bajo Belgrano explicaba que «a la suplente se la llevaron a otra mesa porque la presidenta faltó. ¿Fiscales? Había uno, pero se fue, dijo que se iba a votar a otro lado y no volvió más...».

Por eso, esta maestra, de unos 35 años, debía atender sola a los votantes: chequear su nombre, verificar que el documento que figuraba en el padrón (original, triplicado, nuevo, etc.) fuera el exhibido por el sufragante, tachar su nombre del padrón, entregarle el sobre y sellar el DNI una vez cumplido el deber cívico. Y además, con una sonrisa.

Todo lo contrario de lo que recibió Fernando de la Rúa en la escuela de Recoleta donde votó. El expresidente -que pese a haberse mudado hace años a su quinta de Villa Rosa, conserva su domicilio legal en Buenos Aires- fue tratado con frialdad hasta por el fiscal de la UDESO (la coalición que encabeza su partido, la UCR). Después de votar, les pidió perdón a los argentinos por los errores que hubiera podido cometer durante su abreviada gestión. Tras reiterar que estaba retirado de la política, anunció que tenía que revisar «material de estudio» y se fue.

Lo cierto es que el ritmo de la Ciudad se vio poco alterado por la elección de ayer. Muchos restoranes y bares abrieron sus puertas y vendieron alcohol. También algunos teatros «on» y «off Corrientes» dieron función anoche, y muchas salas cinematográficas -sobre todo las que funcionan dentro de los centros comerciales- exhibieron sus filmes aun antes de que terminara el horario de la votación.

Estos datos podrían demostrar dos cosas:

1) el hecho de que el resultado estaba cantado le restó todo el natural suspenso que suelen tener las votaciones, y la gente reaccionó de acuerdo con esa realidad;

2) la ciudadanía ya se acostumbró a «votar a repetición» y toma con naturalidad el ejercicio de ese derecho. Cabe recordar que desde el retorno de la democracia hasta la reforma constitucional había un solo comicio cada dos años; ahora -por internas abiertas, por elecciones locales separadas de las nacionales, por dobles vueltas- se vota cada dos meses.

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