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Porteños, entre el voto y el shopping
Después de votar -más temprano esta vez que en comicios anteriores-, la gente se volcó a los lugares de esparcimiento como un domingo cualquiera; por eso los parques (pese a que el clima no fue perfecto) y los shopping centers estuvieron repletos de familias.
También fue notable la ausencia de fiscales en las mesas de muchos barrios porteños, otra muestra de falta de interés. Los militantes -según le confesó a este diario el fiscal general de PRO de una escuela en Palermo- en muchos casos fueron «ausentes sin aviso»; otras fuerzas como el duhaldismo directamente no mandaron a nadie y hasta el FpV recortó la presencia de sus fiscales en muchas zonas de la Ciudad.
Lo mismo pasó con muchas autoridades de mesa: solitaria en su tarea, la presidenta de mesa en una escuela del Bajo Belgrano explicaba que «a la suplente se la llevaron a otra mesa porque la presidenta faltó. ¿Fiscales? Había uno, pero se fue, dijo que se iba a votar a otro lado y no volvió más...».
Por eso, esta maestra, de unos 35 años, debía atender sola a los votantes: chequear su nombre, verificar que el documento que figuraba en el padrón (original, triplicado, nuevo, etc.) fuera el exhibido por el sufragante, tachar su nombre del padrón, entregarle el sobre y sellar el DNI una vez cumplido el deber cívico. Y además, con una sonrisa.
Todo lo contrario de lo que recibió Fernando de la Rúa en la escuela de Recoleta donde votó. El expresidente -que pese a haberse mudado hace años a su quinta de Villa Rosa, conserva su domicilio legal en Buenos Aires- fue tratado con frialdad hasta por el fiscal de la UDESO (la coalición que encabeza su partido, la UCR). Después de votar, les pidió perdón a los argentinos por los errores que hubiera podido cometer durante su abreviada gestión. Tras reiterar que estaba retirado de la política, anunció que tenía que revisar «material de estudio» y se fue.
Lo cierto es que el ritmo de la Ciudad se vio poco alterado por la elección de ayer. Muchos restoranes y bares abrieron sus puertas y vendieron alcohol. También algunos teatros «on» y «off Corrientes» dieron función anoche, y muchas salas cinematográficas -sobre todo las que funcionan dentro de los centros comerciales- exhibieron sus filmes aun antes de que terminara el horario de la votación.
Estos datos podrían demostrar dos cosas:
1) el hecho de que el resultado estaba cantado le restó todo el natural suspenso que suelen tener las votaciones, y la gente reaccionó de acuerdo con esa realidad;
2) la ciudadanía ya se acostumbró a «votar a repetición» y toma con naturalidad el ejercicio de ese derecho. Cabe recordar que desde el retorno de la democracia hasta la reforma constitucional había un solo comicio cada dos años; ahora -por internas abiertas, por elecciones locales separadas de las nacionales, por dobles vueltas- se vota cada dos meses.


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