8 de octubre 2014 - 00:00

“Provocar me fascina; creo que ésa es mi profesión”

Moreno: “En el clero me odian. En las escuelas católicas mis libros están prohibidos, lo cual me beneficia mucho porque es suficiente que se prohíba un libro para que los estudiantes lo lean”.
Moreno: “En el clero me odian. En las escuelas católicas mis libros están prohibidos, lo cual me beneficia mucho porque es suficiente que se prohíba un libro para que los estudiantes lo lean”.
Hasta que hace unos pocos años un tío, mortalmente enfermo, le confiara que era judío, Francisco Martín Moreno se había dedicado a escribir polémicas novelas sobre la historia mexicana, que lo llevaron a ser considerado "el autor más leído de México". Tras saber que por sus venas corría sangre judía, Moreno se pudo a investigar y supo que varios de sus ancestros maternos habían muerto en los campos de exterminio de la Alemania nazi. Tenía ya muchos datos sobre el exilio de su padre, un republicano español, tras el fin de la Guerra Civil, y fue sumando otros. Así surgió su novela "En media hora... la muerte", que publicó Planeta.

Francisco Martín Moreno es abogado, periodista, y autor de exitosas novelas históricas. Cinco años consecutivos recibió en su país el Premio Nacional de Periodismo. En España le fue otorgado el Laurel de Oro a la Excelencia Literaria por su libro "Las cicatrices del viento". Dialogamos con él sobre la novela que lo trajo por primera vez en breve visita a Buenos Aires.

Periodista: Recién ahora, con "En media hora... la muerte", una novela sobre su familia que lo lleva a contar del Holocausto y la Guerra Civil Española, su obra comienza a circular fuera de su país, donde es un autor de best sellers desde su primera obra. ¿Eso se debió a que sus novelas anteriores estaban centralmente dedicadas a tratar temas históricos de México?

Francisco Martín Moreno: Mi padre era español, madrileño. Mi madre alemana, berlinesa. Ellos querían que yo fuera profundamente mexicano, que amara al país donde se habían exiliado. Cuando finalmente decidí ser escritor, elegí escribir sobre México porque cuanto más investigaba nuestra historia más me daba cuenta de la cantidad gigantesca de embustes, mentiras, patrañas, y cómo eso no se denunciaba. Santallana bien decía que "quien no conoce su historia está condenado a repetirla", y los mexicanos repetimos la historia porque no la conocemos. Si me dedicaba a hacer ensayos se podían vender dos mil ejemplares que iban a quedar en las bibliotecas de los especialistas pero no se iba a difundir como yo quiero la historia, entonces me decidí a hacer novela histórica. Y eso funcionó muy bien, de "México negro" se llevan vendidos un millón cuatrocientos mil ejemplares. Y ahí cuento quién financió la Revolución Mexicana, quién dio el dinero para que nos matáramos entre los mexicanos, que fueron los estadounidenses, ingleses y holandeses interesados en quedarse con el petróleo. Luego publiqué "Las cicatrices del viento", que es la historia de la United Fruit Company en Centroamérica, y luego "México sediento", "México secreto", "Las grandes traiciones de México", la trilogía "Arrebatos carnales", "México ante Dios", que es la historia criminal del clero mexicano.

P.: ¿Esos libros lo convirtieron en un escritor controvertido?

F.M.M.:
Muy polémico. En el clero me odian. En las escuelas católicas mis libros están prohibidos, lo cual me beneficia mucho porque es suficiente que se prohíba un libro para que los estudiantes lo lean. Me encanta que me prohíban. Para mí lo más importante es la difusión de la historia a través de la novela, que incita a la imaginación de los lectores, se recrean ambientes, situaciones, conductas, usos y costumbres, se transmiten conocimientos. El narrador se puede dar el lujo de meter momentos eróticos, humorísticos, festivos o tenebrosos. Un historiador sólo podría contar que Hitler se casa con Eva Braun y quince minutos después se suicidan en un bunker de la Cancillería. En mi novela "En media hora... la muerte" como novelista me filtro en esa habitación y cuento lo que ellos se dijeron, y eso es muy atractivo para un lector. Yo puedo mostrar al Papa Pío XII haciendo el amor con la Madre Pascalina Lehnert en la Capilla Sixtina, porque estoy convencido de que durante cuarenta años fueron amantes. Cosas así no las puede escribir un historiador porque lo tacharían de farsante, pero yo sí.

P.: Uno de los atractivos de su novela no es que hable,usted que estudió en una colegio alemán, del impacto que sintió al saberse judío sino que cuenta de los españoles en Auschwitz, del asesinato de García Lorca, y montones de anécdotas y chismes.

F.M.M.: Yo le voy regalando al lector caramelitos para que se tome descansos. No puedo meterme en Auschwitz o en las cárceles franquistas y contar todo lo que pasó allí y punto, porque voy a transmitir ese conocimiento pero la gente va a abandonar el libro, entonces tengo que contar también las partes festivas que viví con mi familia. Cuando mi tío Claus que se está muriendo, me revela mi identidad, y le digo: tío yo no puedo ser judío porque yo no creo en Dios, soy ateo, agnóstico, escéptico, no creo en ninguna inteligencia superior a la humana; y él me contesta: no vine a discutir tus convicciones espirituales, vengo a contarte la verdadera historia de la familia. Supe que mi apellido materno no era Biehl sino Bielschowsky. Y supe, investigando en el museo de Yad Vashem en Jerusalén, que a una parte de mi familia la mataron en Auschwitz . Un lugar donde mataron a judíos, homosexuales, testigos de Jehová, y republicanos españoles. Así como cuento la historia de mi familia también cuento momentos de la historia de Europa, de la Guerra Civil Española, de cómo el fascismo se expandió, de la Segunda Guerra Mundial. Eso me permite abrir pasajes paralelos donde puedo contar por ejemplo de la homosexualidad de Hitler.

P.: Algo controversial si se piensa que a los homosexuales se les impuso llevar una estrella rosa, que fueron enviados a campos de concentración, que Ernst Röhm, comandante de las SA, las tropas de asalto nazis, es asesinado por su homosexualidad.

F.M.M.: El problema es que Röhm se acostaba con Hitler, y en un pleito que tuvieron con Himmler, el jefe de las SS, hace que el Führer destituya a Röhm. Y Röhm le dice a Hitler : "Voy a tener que contar nuestros amores". Hitler no podía permitir que eso se supiera. Le envía a sicarios que le ofrecen a Röhm suicidarse, como no lo hace, lo matan. En el libro puse una enorme bibliografía y documentación porque me dije: no me van a creer. Me hubiera encantando escribir una novela de la vida de Eva Braun, porque era nada más que una figura decorativa. Y la historia de Angela, la sobrina con la que Hitler hacia todo tipo de perversiones, que se suicida luego de estar dos años con él.

P.: Pareciera dedicarse a juntar y ofrecer hechos para la discusión y el debate.

F.M.M.:
Yo soy un provocador profesional. Provocar me fascina. Creo que es mi profesión. Me gusta revelar lo que estaba oculto. Cuando Azaña el presidente de la República Española tiene dudas de mandar fusilar al militar golpista Sanjurjo, el presidente mexicano Plutarco Elías Calles le escribe: Manuel tienes que fusilarlos a los seis golpistas, entre los que estaba Franco. Y Azaña le dice: voy a manchar de sangre la República, y no quiero. Y Calles le replica: si no los fusilas no vas a manchar de sangre la República, vas a manchar de sangre a España. Bueno, en México se dice que "quien hace la revolución a medias cava su propia tumba". En mi novela entran esas cosas, que son cosas que echan luz sobre el exilio de una parte de mi familia. Un tío mío estuvo preso en el pabellón de condenados a muerte de España, de 1939 a 1959 en que lo liberaron. Ahí llegaba un pelotón de fusilamiento al pabellón, daban un nombre y en media hora...la muerte. El pedía que lo mataran de una buena vez. Eso iba más allá de un dato en una saga familiar, mostraba una época tormentosa, trágica, que cambió el destino del mundo.

P.: ¿Se llevó sorpresas en los años de investigación de la historia familiar?

F.M.M.:
Muchas. Por ejemplo supe que cuando mi padre cruza el Mediterráneo y llega a Orán, a Argelia, lo meten en un campo de concentración para construir el ferrocarril transahariano que iba de Casablanca al Cairo. Yo no lo sabía. Me lo contó un amigo español de manera paradójica, estaba trabajando en la biografía de su tío, y descubrió que había ido a México con mi padre. En la investigación llegó a Zelaya, en México, donde encontró a una familia que había conocido a su tío y al amigo de su tío, un tal Martín Moreno, que fue novio de la abuela de la familia, y que resultó ser mí padre. Ese investigador español me mostró las fichas de ingreso de mi padre al campo de concentración de Marruecos. Mi padre nunca me dijo que había estado en un campo de concentración.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

F.M.M.:
Una novela en relación con el dinero, qué pasa con una persona cuando tiene muchísimo dinero, cómo opera lo que tiene en la personalidad de un multimillonario, en qué sentido se deprecia, se devalúa su existencia.

Entrevista de Máximo Soto

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