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Publican en español “Necrópolis” de Pahor
Lúcido y activo a los 97 años, Boris Pahor afirma que «‘Necrópolis’ no es un libro de exterminio, sino de los campos de trabajo, en los que prácticamente no había judíos, y de los que se habla muy poco».
Para Pahor, cuya novela autobiográfica «Necrópolis» se publica por primera vez en español, «en los colegios no se debería enseñar la guerra, quién la ganó, sino que lo verdaderamente importante es el factor humano, el drama que hay detrás».
«Necrópolis» (Anagrama) habla, en palabras de su editor, Jorge Herralde, «no tanto de los judíos, como de los campos de concentración». y, en ese sentido, constituye una de las cumbres de la literatura de esta temática junto a Imre Kertesz y a su compatriota Primo Levi, con quien comparte ese «complejo de culpabilidad como superviviente».
El propio Pahor matiza que «no es un libro de exterminio, sino de los campos de trabajo, en Dachau, Buchenwald, Mauthausen; campos en los que prácticamente no había judíos y de los que se habla muy poco».
Pahor trabajó en el campo de Dora-Mittelbau, donde se hacían los misiles que bombardeaban Londres y estaba metido dentro de una montaña. «Los presos trabajábamos haciendo galerías en la montaña y el campo con el crematorio estaba fuera, y todo estaba dirigido por Von Braun, que era un nazi desde 1937».
No esconde su indignación porque «Von Braun nunca debería haber entrado en Estados Unidos, pero cuando fue liberado el campo, los americanos se lo llevaron y luego recibió todos los honores por su participación con la NASA en la llegada del hombre a la Luna».
Sin embargo, se olvida, añade Pahor, que Von Braun fue «el responsable de hacer morir a estos hombres cavando estas galerías, que eran incluso obligados a dormir allí aspirando polvo».
Pahor estuvo también en el campo de Struthof-Natzweiler, en la región francesa de Alsacia, que había sido anexada por el III Reich, una instalación construida a 800 metros de altura en los Vosgos, en una zona en la que se puede esquiar en invierno.
Para ilustrar las condiciones de este campo explica: «Llegué a princip ios de febrero y pasábamos mucho frío, sólo con el pijama derayas. Desde aquella altura se veía además el horno crematorio que había en las primeras terrazas, siempre humeando y desprendiendo un olor a carne quemada».
Aunque inicialmente estaba destinado a los presos franceses que se oponían a la germanización de Alsacia, con el tiempo llegaron holandeses, noruegos, belgas y Pahor pudo sobrevivir como intérprete gracias a que sabía alemán.
Pasados 14 meses, el escritor triestino fue trasladado a Dachau, cerca de Munich, donde además de traductor trabajó como enfermero, y de Dachau fue enviado a Dora.
El avance de los aliados y de los soviéticos hizo que muchos de los prisioneros fueran cargados en trenes y trasladados a Bergen Belsen, el campo en el que murió Anna Frank.
Agencia EFE


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