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“Pude protegerla, pero no salvarla”
Mitch Winehouse junto a su famosa hija en tiempos felices; ahora él acaba de publicar el libro «Amy, mi hija», con el cual quiere recaudar «al menos 4 millones de euros» para causas benéficas.
Ocho veces seguidas tiene que repetir que no le costó escribir el libro, pero sí leer el último borrador antes de su publicación. «De repente todo era verdad. He llorado todo el tiempo», afirma el músico y taxista de profesión.
Mitch Winehouse no intenta ocultar el objetivo de su debut como escritor. «Queremos ganar dinero», dice. «Como pago previo hemos recibido tan sólo dos millones de euros. Si el libro no recauda por lo menos cuatro millones, estaría decepcionado», afirma y señala con la vista puesta en su fundación: «Necesitamos el dinero».
Según explica, ya está en preparación un segundo libro sobre la familia Winehouse: «Ya hemos escrito dos terceras partes». Como si de un movimiento reflejo se tratara, Winehouse decidió crear una fundación con el nombre de su hija mientras volaba de Nueva York a Londres para asistir al funeral. Con la fundación, pretende apoyar a niños con «todo tipo de enfermedades». Todos los ingresos del libro irán destinados a ese fin. También el dinero que él gana como músico de jazz irá a la fundación, asegura, indicando por el contrario que la herencia de Amy quedará en la familia.
Para Mitch Winehouse, los cuatro meses de trabajo en la biografía de su hija fueron también una manera de procesar el pasado. «Quería dejar algunas cosas claras», afirma. Entre otros puntos, deseaba acabar con el mito de que Amy se inyectaba heroína. «Durante las seis últimas semanas de su vida, durante dos semanas no había bebido nada, pero después un día reincidió. Después no volvió a beber nada en tres semanas y volvió a caer dos días seguidos. En verdad, todo iba en la dirección correcta», recuerda.
En el libro, que se presentó esta semana en Estados Unidos y llegará la próxima a Europa, Mitch Winehouse también describe los primeros años de vida de su hija. «Cuando tenía un año aprendió a caminar. Entonces comenzó a volverse difícil», escribió. En la escuela, Amy tenía constantemente peleas con sus profesores, al parecer porque no les gustaban sus piercings. «Amy aprobó el bachillerato y dejó tras de sí un buen número de profesores con un ataque de nervios».
Según Mitch Winehouse, el giro negativo para su hija llegó con su relación con su marido Blake Fielder-Civil, con quien se casó en 2007 en Estados Unidos. Hasta entonces, según su padre, Amy había rechazado las drogas duras, pero él hizo que acabara tomándolas. Más adelante, Amy Winehouse se separó de su marido, demasiado tarde a ojos de su padre.
En el libro, Winehouse reflexiona también sobre su papel como padre y también admite algo de autocrítica. «Podía haberla protegido, pero no haberla salvado», escribió.
Agencia DPA


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