“¿Puedo tocarlo? Nunca había besado a un papa”

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Sonrisas primero rígidas, luego relajadas, y una cuidada agenda de temas prioritarios para ambos selló el éxito de la puesta en escena para el encuentro de ayer entre Cristina de Kirchner y el papa Francisco. Sin duda el momento mas recordado fue la entrega mutua de regalos, donde frente a cámaras y microfonos abiertos estuvo lo más divertido del mediodía; luego vendría el encuentro a solas con las definiciones de fondo (ver nota aparte) y la entrega de un presente papal que no se hizo ante el periodismo, como los demás: "Fue un regalo íntimo y casi personal del papa Francisco, que fue una rosa blanca en representación de Santa Teresita, porque es su santa preferida y es a la que él siempre le reza para que la guardara junto a mis cosas", describió la propia Cristina.

Tras el cruce público de regalos hubo fotos y presentaciones de forma de la delegación argentina. En todos los casos Francisco estrechó manos como si no se tratara de un pontífice; Juan Pablo Cafiero lo obligó a hacerlo en dos ocasiones y con ambas manos.

Cristina de Kirchner jugó al principio de ese momento un papel que sabe hacer de memoria: el de transgresora al protocolo que parece arrepentirse a cada paso de lo que desliza como pequeñas travesuras.

Cuando pudo parecer una descortesía, el Papa la entendió y siguió ese juego. Fue ese momento de la entrevista el que quedará para el recuerdo. Ella abría todos los regalos que Argentina le llevó al Pontífice y los explicaba, cuando lo tomó del brazo en un gesto afectuoso: "Perdón, cierto que al Papa no se lo toca, no se le da un beso", dijo soltándolo de repente con un gesto que terminó en gracia.

Bergoglio sonrió, la tomó él con su brazo y le dió un beso en la mejilla rompiendo definitivamente el protocolo: "Nunca me besó un papa", cerró Cristina. La imagen se ganó, por lejos, el primer lugar en el viaje.

La Presidente le llevó tambien un poncho de vicuña: "Yo sé que usted los usa, yo lo ví le dijo. Mas tarde, ante periodistas en el hotel Eden volvió a un tono mas maternal para aclarar que sería bueno para el frío romano. Más puntual fue la descripción que hizo la Presidente junto al Papa ante las cámaras de TV del set de mate que le llevó (para que "siga tomando aquí) fabricado por "cooperativistas argentinos".

Contó tambien que el Papa le regaló libros: "Uno de ellos muy interesante, con todas las conclusiones de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) sobre diversos temas". Juntos, mas tarde, repasaron los temas en el índice.

Cristina se llevó tambien del Vaticano una placa donde figuran su nombre, el de Michelle Bachelet y Benedicto XVI, cuando ambas viajaron al Vaticano en 2008 para conmemorar los 30 años del acuerdo que evitó una guerra por el canal Beagle y un mosaico de mayólica sobre la fundación de la Basílica de San Pedro, que ella misma se encargó en explicar que pertenecía a la era de Alejandro VII. El final fue la impresión del Papa que Cristina de Kirchner quiso dar y una definición completa de la relación que el Gobierno pretende tener con el papado: "Lo vi sereno, lo vi seguro, lo vi en paz, lo vi tranquilo y podría decir que también lo vi ocupado y preocupado por lo que va a ser la inmensa tarea, no solamente de conducir el Estado Vaticano sino también el compromiso de cambiar las cosas que él sabe que deben cambiar y sabe que son las demandas que él ha interpretado y se han comenzado a ver en gestos, en actitudes diferentes, y que seguramente se verán en otras políticas que él oportunamente decidirá. Pero lo vi sereno, seguro, tranquilo y en paz".

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