17 de agosto 2011 - 00:00

Puja de empresas por los alimentos

¿Hay un bombón en el futuro de Molinos? Una de las dos mayores empresas alimentarias del país está en plena renovación de CALA, la dueña de las marcas de la vieja Bonafide y de la que tiene el 50% de las acciones desde hace un año y medio (la otra mitad sigue perteneciendo al grupo chileno Carozzi).

Es que el renglón de las golosinas es el único que le falta a la empresa de la familia Pérez Companc para pelearle a la cordobesa Arcor el primer lugar absoluto en el mercado de los alimentos de consumo.

«Si consideramos alimentos a las golosinas, Arcor es la que más factura en el país, pero nosotros somos primeros en pastas secas, arroces, congelados, salchichas envasadas, somos segundos en yerba mate y terceros en harinas...», explica Horacio Aranguren, director de Molinos.

El empresario dijo que este año el consumo de alimentos «no va a crecer lo mismo que el año pasado; vamos a andar entre el 4 y el 5% de suba en cantidades. ¿Cuánto crecía el año pasado a esta altura? Y, dos puntos más, pero creo que las comparaciones están distorsionadas porque 2009 fue un año de crisis».

El ejecutivo explicó que las marcas de Bonafide como el Nugatón y el Mecano están vigentes, «pero no alcanza: estamos abocados a una profunda reestructuración de CALA que la posicionará en un puesto de liderazgo». Aclara además que la cadena de cafeterías Bonafide es un negocio totalmente separado del de las golosinas.

Aranguren anunció además inversiones por casi u$s 64 millones para reforzar y expandir su negocio de marcas de consumo, y otros u$s 216 millones para crecer en «granel» (exportaciones de commodities) y biocombustibles.

Para financiar el proyecto «Timbúes» (el puerto y planta de acopio unicados en esa localidad santafesina, que comparte en tercios con Vicentín y Oleaginosa Moreno) acaban de firmar un acuerdo de financiación con la CAF (Corporación Andina de Fomento) por u$s 240 millones, a devolver a siete años con dos años de gracia. Cuando se le pregunta por la tasa a pagar, Aranguren se limita a sonreír y a responder: «Es interesante».

El año pasado Molinos facturó u$s 2.563 millones, de los cuales u$s 701 millones fueron resultado de la venta de sus productos de consumo en el mercado local y el resto por commodities. Sin embargo, aclara Aranguren, en utilidades «la proporción es mitad y mitad».

En este plan de expansión está previsto ampliar la planta que tiene Luchetti en Vila Adelina, para llevar su capacidad de producción de las actuales 60.000 toneladas/año a 90.000 ton. La nueva línea -importada de Austria- estaría operativa a fines de este año. «En la Argentina se consumen 7 kg de pastas secas por año y por persona; creemos que es posible llevar ese consumo a los nueve kilos de Venezuela, por ejemplo», agrega.

Objetivo

Desde ya, cualquier cifra empalidece ante los 23 kilos de fideos que comen los italianos cada doce meses. «Tenemos que lograr lo que hacen ellos: combinar la pasta con otros ingredientes además del tuco y la manteca y queso; en América se comen en ensaladas, con vegetales, fríos...», explica.

La trayectoria de Molinos en el mercado del arroz es mucho más breve: compraron Gallo a la vieja Química Estrella hace 5 años, pero ya lideran ese renglón. Pero dado que prevén un aumento en el consumo y también en la demanda internacional, están levantando (a un costo de u$s 20 millones) un centro de acopio y producción en Concepción del Uruguay que estará listo los primeros días del año próximo.

El aceite de oliva también se convirtió en un negocio central para Molinos; por eso están invirtiendo casi u$s 2 millones en tanques de acero para almacenarlo. «El COI (Centro Oleícola Internacional) que manejan los europeos establece qué es aceite de oliva extra virgen y qué no lo es; estamos trabajando en adaptar nuestro producto a esos parámetros, y uno de los requerimientos es que se lo almacene en acero, por un tema de oxidación», dice Aranguren.

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