19 de septiembre 2012 - 00:00

¿Punto de inflexión en la campaña?

Washington - Para los demócratas constituye un regalo soñado: cuando quedan sólo 50 días de campaña electoral en Estados Unidos, el candidato republicano, Mitt Romney, se pega un tiro en su propio pie con declaraciones que para algunos expertos constituyen ya el «game changer», el momento en que el exgobernador podría haber perdido la carrera a la Casa Blanca.

El video, grabado en secreto en mayo, muestra cómo Romney habla en tono despectivo de los potenciales votantes de su rival, el presidente Barack Obama. Y, de paso, de la mitad de la población del país.

Si lo hubieran planeado, apenas les podría haber salido mejor a los rivales del candidato republicano. Es que vuelve a establecerse una imagen de Romney de la que se tiene que separar urgentemente si quiere ganar las elecciones del 6 de noviembre: la del multimillonario sin sentimientos que no entiende nada de las necesidades de la clase media y pobre del país.

«Mi trabajo no es romperme la cabeza con esa gente», dice en el video Romney sobre ese «47 por ciento que está con él (Obama), que dependen del Gobierno y que creen que son víctimas, que el Gobierno tiene la responsabilidad de cuidarlos, que creen que tienen derecho a asistencia sanitaria, alimentación y alojamiento y a todo en general (...) Nunca lograré convencerlos de que asuman responsabilidad sobre sí mismos», agrega en las devastadoras declaraciones (ver nota aparte).

Más que nada porque éstas se conocen en un momento en el que la campaña de Romney ya tenía problemas para avanzar. El exgobernador no sacó rédito alguno de la reciente Convención Republicana, centrada precisamente en mejorar su imagen «fría», mientras que, por el contrario, las encuestas le dan a Obama una ventaja de cinco puntos porcentuales.

Medios como Politico informaron sobre un auténtico caos en su equipo de campaña justamente cuando se emprende el «sprint» final hacia las urnas. De acuerdo con ese medio, justo antes del encuentro republicano en Tampa a finales de agosto se retocó tanto el discurso clave de aceptación de la nominación presidencial que en las palabras de Romney terminaron faltando partes importantes. En ningún momento mencionó a Afganistán ni realizó un tributo a los militares, algo que para los republicanos constituye casi un pecado mortal.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que sufriera otro traspié, la semana pasada, cuando observadores coincidieron en afirmar que se apresuró demasiado al criticar en un comunicado a la embajada estadounidense en El Cairo en el marco de la violencia desatada por una película en internet que difama al profeta Mahoma. En el momento de sacar su declaración, todavía no se conocía que en un ataque paralelo en la ciudad libia de Bengasi había fallecido el embajador Chris Stevens y tres estadounidenses más.

Todos estos caos constituyen «errores innecesarios» en los que Romney se hace zancadillas a sí mismo, opinó ayer The Washington Post.

Y eso en momentos en que, de acuerdo con los reportes, Romney sigue sin terminar de lograr convertir las preocupaciones de los estadounidenses por la economía y el desempleo en puntos a su favor. Le falta un mensaje claro sobre qué haría él mejor y cómo lo haría, consideran observadores.

Apenas unas horas antes de que se filtrara el video, en la noche del lunes, se hablaba de que el equipo de campaña de Romney estaba en pleno cambio de estrategia. El objetivo: lograr una mayor cercanía con el electorado. Hasta que se conoció la grabación.

Muchos expertos coinciden en que lo que Romney dijo sobre ese 47 por ciento es un error más grave aún que cuando presentó a su flamante candidato a la vicepresidencia, Paul Ryan, como el «próximo presidente de Estados Unidos».

El principal problema de la campaña de Romney es que el candidato no logra deshacerse de la imagen de ricachón sin sentimientos. Obama, por el contrario, se perfila como el luchador de la clase media.

El problema de las palabras de Romney reside sobre todo en que las pronunció uno de los hombres más ricos de la política. Y que vienen de alguien que apenas paga el 14 por ciento de impuestos porque el sistema así se lo permite.

Para echarle más leña al fuego, sus incautas palabras fueron pronunciadas en una cena de recaudación de fondos para su campaña celebrada entre los más ricos. No sorprende por lo tanto que en internet circulen chistes como el que dice que ya ha diseñado una nueva estrategia de campaña: coserse la boca hasta el 6 de noviembre.

Agencia DPA

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