13 de abril 2009 - 00:00

“Pura ficción”: pugna de neurosis y de egos

Oscar Martínez y Claudia Fontán en «Pura ficción»: las desventuras de un Woody Allen porteño.
Oscar Martínez y Claudia Fontán en «Pura ficción»: las desventuras de un Woody Allen porteño.
«Pura ficción». Libro y Dir.: O. Martínez. Int.: O. Martínez, C. Fontán. Esc.: A. Negrín. Vest.: S. Di Nuncio. Dis. Ilum.: N. Guevara. (Paseo La Plaza.)

Sarcástico, malhumorado, discretamente manipulador y con inventiva para decir maldades en tono jocoso, el protagonista de «Pura ficción» tiene todas las desviaciones y manías de un actor, director y maestro de actores. Excesos que son festejados por el público de manera exultante, ya que el personaje ha quedado en manos de su propio autor (el actor y director Oscar Martínez) lo que vuelve más picante este juego entre realidad y ficción, sobre todo cuando su nuevo alter ego despotrica contra la ex mujer o reconoce que en una pareja de actores de éxito los celos amorosos suelen confundirse con la envidia.

Como marido, Damián Salas es tanto o más insoportable que el Adrián de «Ella en mi cabeza» que hace dos años encarnó magistralmente Julio Chávez; pero al menos lo supera en experiencia y en amplitud de miras. Salas ya pasó por un divorcio y lleva más de diez años junto a su segunda esposa (bella y exitosa actriz, a cargo de Claudia Fontán), y aunque este nuevo espécimen de neurótico -casi un Woody Allen porteño- ya no cuente con un psicoanalista de cabecera, se lo ve mucho más dispuesto a sincerarse con su actual mujer y también a iniciar una tímida autocrítica. Tampoco le queda otra opción, porque ahora ella lo acusa de haber tenido sexo con varias alumnas de su taller de teatro, debido a unos graffitti cargados de insolencia que descubrió casualmente en su estudio.

En su tercera obra como autor y director, Martínez vuelve a hincarle el diente a los conflictos conyugales; esta vez con un marcado acento en los divorcios traumáticos y en el vínculo con los hijos de relaciones anteriores, inevitablemente contaminado por el resentimiento de ambas partes. «Pura ficción» es ante todo un vigoroso duelo verbal, más cerebral que afectivo, pero con oportunas ironías y chistes de humor negro que ofrecen un respiro entre tanta argumentación. Pese a su verborragia y escasa acción dramática, la pieza inquieta por la franqueza con que analiza las fantasías, idealizaciones y luchas de poder que anidan en la pareja.

El público agradece ver reflejados en escena sus propios dramas y más aun cuando puede extraer, como en este caso, algunos buenos consejos para mejorar su matrimonio y sus relaciones afectivas con hijos propios y ajenos. Realismo puro, bien interpretado, con un acto convincente en su papel y una actriz dúctil y sensual, aunque con algunas deficiencias en la proyección de su voz. El vestuario de gran sobriedad y elegancia y una ambientación acorde al status de los protagonistas completan esta propuesta.

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