9 de febrero 2012 - 00:00

Puricelli: “Traen armas nucleares a Sudamérica”

Arturo Puricelli
Arturo Puricelli
«Malvinas no es una hipótesis de conflicto», son las primeras palabras del ministro de Defensa, Arturo Puricelli. En una entrevista con Ámbito Financiero, el titular de Defensa se refirió a la militarización del Atlántico Sur y a la «amenaza británica» frente a la posibilidad de que submarinos nucleares, incluso con capacidad de fuego nuclear, estén surcando aguas del Atlántico Sur, admitiendo, así, lo que en Londres no se confirmó.

Santacruceño, y primer gobernador de su provincia una vez restablecida la democracia, durante la Guerra de Malvinas actuó en Defensa Civil de Río Gallegos. «El aniversario de 30 años trae mucho», comienza, para agregar: «Frente a la intensidad de los reclamos que viene realizando la Argentina y a las adhesiones que viene encontrando en el resto de los países del mundo y en particular los de la región (los británicos) como forma de respuesta han pretendido militarizar el conflicto». «No hay necesidad alguna de mandar un destructor clase 45 a las islas Malvinas: militarizan la región, que los países de la región hemos definido como zona de paz», señala.

Periodista: ¿Qué le preocupa de la «militarización» en el Atlántico Sur?

Arturo Puricelli:
No sabemos si los submarinos británicos tienen capacidad de propulsión o bombas nucleares y eso nos preocupa. Tenemos claro y establecido que no nos interesa militarizar la región ni mucho menos la utilización de armas nucleares. Con lo cual, esta amenaza inglesa la estamos evaluando porque trae a América del Sur armas nucleares.

Objetivo fijado

P.: ¿Qué significa «evaluando»?

A.P.: Que nosotros, internamente en el Ministerio, estamos evaluando. Lo estamos evaluando también porque atenta contra el objetivo fijado en el Consejo de Defensa de la Unasur, respecto de la no utilización de las armas nucleares. Es un riesgo. Cualquier accidente que tenga un submarino nuclear es un elemento de alta contaminación que puede afectar las riquezas de mayor biodiversidad del mundo -las de la Antártida- y en donde el mundo hoy pone el mayor de los cuidados.

P.: ¿Por qué provoca tanta reacción el envío del Dauntless, cuando ese tipo de destructor ya ha hecho ejercicios en el Pacífico con las armadas de Chile y Perú?

A.P.:
Es una ostentación innecesaria de fuerza. Los destructores clase 45 tienen capacidad de defensa importante y eventualmente también de ataque, por la potencia y la capacidad de misiles inteligentes y de su electrónica. Genera un paraguas defensivo u ofensivo, según la misión que se le encargue. Si el Dauntless viene para garantizar la protección del príncipe William y su comitiva, que tengan por seguro (los británicos) que en el marco de los tratados internacionales que nos hacen responsables de asistencia en caso de necesidad en el Atlántico Sur, nosotros hubiéramos concurrido con elementos de nuestra Marina a prestar toda la ayuda para cualquier necesidad que hubiera tenido el príncipe. Se hubieran ahorrado miles de libras y hubieran generado menos tensión en la región.

P.: ¿Cuáles otros riesgos visualiza?

A.P.: La exploración petrolera en aguas de Malvinas. Más allá de las apetencias económicas, debe pensarse con responsabilidad el tema del petróleo. Hay responsabilidades sociales y no vemos que el Reino Unido tenga hoy herramientas en Malvinas para poder mitigar un eventual derrame de petróleo. Y eso lo sabe el gobernador de Malvinas, que es un experto en biodiversidad.

Alternativa

P.: ¿En qué quedó el proyecto argentino de un submarino a propulsión nuclear? (N. de R.: a mediados de 2011 Puricelli anunció que se retomaba ese proyecto.)

A.P.: Es una alternativa que tenemos en análisis y que definirá la Presidente. No podemos ni descartarlo ni decir que lo vamos a hacer mañana. Pero hoy, insisto, estamos pensando en objetivos de capacidad para la paz antes que en objetivos bélicos. Estamos más abocados a la construcción de un buque polar y en terminar de reparar el (rompehielos) Irízar, que en ese tipo de equipamiento militar.

P.: Usted es patagónico, ¿cómo evalúa el conflicto de 1982?

A.P.: La Patagonia vive las Malvinas y su reivindicación todos los años, pero tanto los patagónicos como toda la Argentina, en este 30º aniversario sólo podemos celebrar el comportamiento heroico de los que participaron en combate, hombres y mujeres. No podemos festejar la invasión que definió una junta militar, con más torpeza que capacidad y con gran equívoco político y militar. El 2 de abril como decisión de la junta militar no es para festejar. Fue la decisión de un Gobierno dictatorial desesperado, que quería mantenerse en el poder a cualquier precio y que llevó una causa que es sentida nacionalmente y que fue acompañada después de desarrollados los hechos por el conjunto del pueblo argentino, pero que si hubiera tenido que tomar la decisión ese mismo pueblo argentino, nunca hubiera aprobado ni un ataque ni la invasión.

P.: ¿Y a Margaret Thatcher?

A.P.: Malvinas sirvió también para que la primera ministra Thatcher consolidase su liderazgo político interno, condicionado por huelgas de mineros. Suscitó el genocidio que significó el hundimiento del Belgrano, que había salido fuera de la zona de exclusión y que por decisión de esa mujer, con una irresponsabilidad y falta de humanidad, llevó a que fueran asesinadas cientos de personas. Hoy será una anciana, pero carga aún en sus espaldas lo del Belgrano, movida por los mismos intereses y sentimientos que llevaron a la junta militar a invadir las islas Malvinas.

Entrevista de Carolina Barros

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