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¿Quién pagará los costos de este desastre?
Europa sabe que si la crisis llega a los Pirineos, todo el continente es vulnerable. España es lo suficientemente grande como para que su caída sea intolerable, pero también para que su rescate sea imposible, porque implica algo así como cuatro Irlandas.
Peligro
Por eso el rescate a Portugal se pondrá en marcha en los próximos días. Pero es difícil saber si este salvataje logrará contener la estampida. Los analistas de los grandes bancos norteamericanos Citi y JP Morgan tienen claro, y lo dicen públicamente, que la crisis recién comienza y que el euro corre peligro. De hecho la caída de bonos europeos el lunes arrancó luego de los malos resultados de una licitación en Italia. Bélgica e incluso Austria están muy tocadas y el efecto dominó sigue su marcha.
Ya hay cálculos rigurosos que demuestran que el Fondo de Rescate Europeo se agota con poco más de Irlanda y Portugal. Aun cuando para el «salvataje» de Irlanda -de los bancos irlandeses-, este país haya tenido la «valentía» de poner sobre la mesa más de 17 mil millones de euros de los fondos de jubilaciones y eso alivia la carga para los organismos multilaterales.
Para enfrentar el potencial peligro de España, se puso en estudio la posibilidad de ampliar el Fondo de Estabilidad Europeo de los 750.000 millones de euros a 880.000 millones. Pero Alemania se opone. Incluso quiere imponer la alternativa de que el sector privado comparta el esfuerzo. O sea que haya quita y reprogramación de la deuda, quiebras ordenadas o, hablando claro, default.
Equívoco
Y la discusión sobre cómo se paga el costo del desastre es el centro del debate. Como decía Paul Krugman en su reciente nota sobre Irlanda, que los Estados y la gente se hagan cargo de los desastres de los bancos no sólo es tremendamente injusto sino que es equivocado. «Hay que preguntarse qué tiene que pasar para que la gente seria se dé cuenta de que castigar al pueblo por los pecados de los banqueros es peor que un crimen; es un error», decía el Premio Nobel días atrás.
Irlanda era un país fiscalmente sano en 2007. La deuda se creó cuando el Estado decidió hacerse cargo de las pérdidas de un sistema financiero absolutamente desbocado. Y la mayor hipocresía es que estos salvatajes se hagan en nombre de la «confianza», cuando se trata de preservar ganancias financieras resultado de la acumulación de activos absolutamente ficticios.
A diferencia de EE.UU., cuyo banco central tiene la capacidad de emitir dólares y su Gobierno bonos del Tesoro norteamericano -activos que en la crisis todavía parecen tener todavía una demanda infinita-, a Europa le costaría mucho poner el pecho a la huida de capitales si cae España. Sobre todo porque buena parte de ese capital no existe.
Pero el verdadero peligro al que se enfrenta Europa es que ante la incertidumbre sobre la capacidad de repago de los Estados y los bancos -teniendo en cuenta los crecientes riesgos asumidos por los países más sólidos en los sucesivos rescates- la demanda de bonos, de depósitos y de euros deje de bajar por la escalera y empiece a bajar en ascensor de forma que la fuga de capitales y la insolvencia fiscal lleven la economía a una profunda recesión. Y en un extremo, que desaparezca la demanda de bonos y la de euros. Y en ese caso ¿sobrevivirá la demanda de bonos y moneda norteamericana o habrá una huida contenible hacia terceras monedas y materias primas y se desatará una escalada inflacionaria en los países centrales?
Los rescates, y particularmente el de Irlanda, representan en gran medida sustituir deuda privada por deuda pública de largo plazo con el argumento de reconstruir la confianza. Pero la confianza puede reconstruirse cuando el salvataje que practican los organismos multilaterales tiene un límite manejable y un financiamiento genuino. Si el rescate se hace sobre la base de que el Estado asuma compromisos que lo desbordan -tanto en materia de ajustes políticamente inviables, como de capacidad de repago-, lejos de reaparecer la confianza, se está llevando a la economía mundial a un camino sin salida.
Testimonio
El «éxito» que en estos días está mostrando la Reserva Federal norteamericana tras anunciar la emisión de 600.000 millones de dólares para financiar su déficit fiscal se debe íntegramente al desastre europeo que le «vino como anillo al dedo». Una vez que este desastre se contenga o se precipite, la caída del dólar, la guerra de divisas y la explosión de las materias primas volverán a dar testimonio de que se están haciendo las cosas mal. Que hay que hacer un esfuerzo para reorganizar la economía en serio para que el mundo pueda digerir las quiebras de bancos y Estados con el menor costo posible y sin privilegios para los emisores de moneda de reserva.
Mientras tanto la curva ascendente del precio del oro volvía a reflejar el carácter estructural de la crisis mundial.


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