Van tres ruedas consecutivas en suba, algo que no veíamos desde fines de agosto (la última seguidilla de cuatro se dio en abril). De todas formas, y a pesar de 12,3% ganado, no nos atrevemos a hablar de un rally, porque de manera estricta debiéramos hablar de una suba que duró una rueda y dos horas (la última del viernes y la primera de ayer) y porque durante la mayor parte de la última jornada el Dow estuvo del lado perdedor (el NASDAQ terminó cediendo 0,5%).
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Esto habla de dos cosas. Por un lado, que el efecto alcista del cierre de posiciones en descubierto podría haber llegado a su fin o, al menos, encontrado cierto equilibrio con quienes en el "trading" se mueven en sentido contrario. El otro, tal vez más preocupante, es que las buenas noticias parecen haber perdido receptividad entre los inversores. Así bastó el viernes que se confirmara lo que el mercado ya sabía (las designaciones de Summers y Geithner) para disparar una suba extraordinaria de 6,54%. El lunes fue una noticia algo más sorpresiva (con mayor contenido informativo), como el anuncio del rescate del Citibank, lo que deparó una mejora general de 4,93%. El martes, por último, el anuncio de que el Tesoro planea facilitar u$s 800.000 millones para auxiliar al mercado de la deuda de los consumidores y facilitar y abaratar al hipotecario, apenas mereció luego de muchas trepidaciones un cierre alcista de 0,43% al estacionarse el Promedio Industrial en 8.479,47 puntos. No sorprendentemente el sector inmobiliario y el financiero estuvieron entre lo mejor del día; aunque la estrella se la llevó el de materias básicas (a pesar del más de 6% que se desplomó el precio del crudo al cerrar en u$s 51 por barril). Otro elemento que nos hace dudar de usar la palabra rally es el comportamiento de las tasas, que en el caso de los treasuries a dos años bajó a 1,163%; y a 10 años, a 3,083% mientras los bonos AAA debieron pagar 5,17% (récord del lustro).
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