9 de julio 2012 - 00:00

Ramiro Gallo: un nuevo regreso a las fuentes del tango

Para Ramiro Gallo, la composición tiene más que ver con un aspecto filosófico que con las cuestiones técnicas.
Para Ramiro Gallo, la composición tiene más que ver con un aspecto filosófico que con las cuestiones técnicas.
«Mi formación se dio por dos caminos. Por un lado estuvo la parte de la música clásica y el violín con mi participación en la orquesta sinfónica juvenil de Santa Fe que dirigía el maestro Roberto Benítez y más adelante con mis estudios con Ljerko Spiller. Por otro, estuvo lo que aprendí de mis padres, ambos guitarristas de música popular -mi madre, además cantante- aunque nunca se dedicaron a eso profesionalmente. Así que en casa teníamos un grupo familiar, con ellos y con mi hermano».

Después, Ramiro Gallo vivió en Paraná hasta que terminó recalando en Buenos Aires. Tocó en diferentes organismos sinfónicos y de cámara. Formó el grupo Índigo con el guitarrista Ernesto Méndez. Se movió por igual entre el folklore, lo clásico, el tango y hasta la música experimental -como con una ambiciosa obra para 11 músicos que escribió y estrenó en 1996.Pero en 1997 conoció a contrabajista Ignacio Varchausky y su vida profesional dio un vuelco.

«Con Ignacio, ideólogo de ese proyecto, fui parte de la creación de la Orquesta Escuela de Tango. Él me invitó a integrarme como violín guía y para trabajar en la desgrabación de arreglos orquestales originales de distintos maestros del tango. Con el tiempo -allí estuve siete años-, eso fue produciendo un efecto fuerte en mí. Sobre todo, porque escuchando a un montón de músicos que iban a la orquesta como invitados para hablar de los estilos o, sobre todo, al director titular Emilio Balcarce, terminé por comprender los estilos del tango y mi modo de concebir el género cambió».

P.: ¿Eso terminó por alejarlo del mundo académico?

Ramiro Gallo: Es que en verdad nunca pertenecí a ese mundo de manera ortodoxa, al punto que, por ejemplo, no tengo formación regular de un conservatorio. A los 16 años, ya siendo parte de la Sinfónica de Santa Fe, supe que quería ser músico y violinista. Y desde entonces, diría que la mayor parte de mi formación se hizo preguntando, escuchando, charlando con colegas o con maestros aún fuera de un ámbito formal. Y si me apuran diría que, al menos en mi caso, la composición tiene más que ver con un aspecto filosófico que con las cuestiones técnicas.

P: ¿De esa multiplicidad viene la idea de este ciclo que está haciendo desde el último fin de semana en Café Vinilo?

R.G.: Son tres viernes distintos. El primero fue un trío que podríamos llamar folkórico, con Ernesto Méndez en guitarra y Andrés Pilar en piano. El próximo 13 estaremos con mi Orquesta Arquetípica, que es una orquesta típica de tango. Finalmente, el viernes 20 será un recital de mi quinteto que es una de las formaciones con las que vengo trabajando regularmente y que tendrá un nuevo disco este año. Además, habrá invitados: Raúl Barboza en acordeón, Lucía Ramírez en bandoneón y Carolina Cajal en contrabajo la primera noche; Ernesto Jodos el día de la típica -para hacer un tema mío que le va perfectamente a su estilo-; y el Dúo Fain-Mantega y Marcelo Moguilevsky la noche del quinteto. Respondiendo mejor a tu pregunta, te diría que efectivamente, todas son maneras que tengo para comunicar mi música, para tocar, para mostrar mis temas, sin ninguna otra especulación que la de que el público lo pase bien y tenga ganas de escucharnos.

P.: ¿Tampoco le genera conflicto el volver sobre el lenguaje de una orquesta típica luego de haber quedado más asociado a una renovación tanguera con su quinteto?

R.G.: Mi paso por la Orquesta Escuela fue un punto de inflexión. El tango tuvo un quiebre en su historia que no fue puramente musical, como si la continuidad estética se hubiera interrumpido. Por eso, muchos músicos de mi generación, sin prejuicios renovadores, volvimos a mirar en los estilos más profundos y clásicos del tango. De ahí que me da lo mismo que se me cuestione por tradicionalista cuando estoy con la típica o de piazzolleano cuando estoy con el quinteto. Yo simplemente elijo para cada caso lo que me parece más oportuno. Según lo que me viene, tal como suele describirse clásicamente la inspiración, elijo después las herramientas para plasmarlo, sin el menor prejuicio.

P.: ¿En qué lugar quedó el compositor de música clásica?

R.G.: La verdad es que tengo un sentido práctico. Lo que compongo es porque tengo cómo y dónde mostrarlo. Quiero decir que si me encargaran una obra en otro lenguaje, seguramente la escribiría, pero no me sale hacerlo de otro modo. Lo que sí en cambio me tiene cada más interesado es lo de escribir también letras para los tangos, algunos de los cuales ya mostré en alguno de mis discos.

P: ¿Ahí tampoco siente competencia con los grandes poetas del género?

R.G.: Si pensara así no podría hacer nada. Lo de escribir textos me sirve para reflexionar, para hilvanar nuestro presente con el pasado. Y si surge la comparación no tengo nada para evitarlo, pero no será un freno para mí.

Entrevista de Ricardo Salton

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