31 de marzo 2014 - 00:00

Ramón Ayala: “Con el paso de los años encontré mi voz”

Ramón Ayala (77 años) vuelve a un escenario en Buenos Aires. “Antes, el público me soportaba; tenía una voz que me era un poco ajena. Ahora sí puedo decir que soy yo el que canta”.
Ramón Ayala (77 años) vuelve a un escenario en Buenos Aires. “Antes, el público me soportaba; tenía una voz que me era un poco ajena. Ahora sí puedo decir que soy yo el que canta”.
"Pasé mi vida construyendo una identidad. Nunca quise ser alguien que simplemente pasara por el arte. Siempre sentí que era un trabajador de la música, de la poesía y de la pintura que es otra de las partes muy importantes de mi vida. Soy un hombre que se asoma al universo desde el arte y que se mueve hacia adelante con sus propios remos, no mirando hacia atrás y pidiendo auxilio".

El discurso, optimista como siempre, es de Ramón Ayala Ramón Gumercindo Cidade, en su nombre civil-, misionero, 77 años, poeta, pintor, cantante, guitarrista virtuoso y uno de los mayores autores de canciones que ha dado el folklore de nuestro país.

El año pasado se estrenó un documental sobre su vida y editó un disco en el que rescató muchas de sus mejores canciones. En los últimos tiempos, además, ha empezado a tener mucha más presencia en escenarios de teatros y festivales. Y ahora se prepara para cantar en el ND/Teatro de Buenos Aires el próximo 17 de mayo.

Periodista: En general, cuando se piensa en su historia y su obra, la referencia obligada es a temas que están en el lugar más destacado, como "El mensú, "Posadeña linda", "El cosechero", "Canto al Río Uruguay", "Mi pequeño amor", etc. Se lo conoce mucho menos como cantante. ¿Por qué se ha mostrado poco en ese aspecto y por qué decidió salir más al ruedo en los últimos años?

Ramón Ayala:
En el tráfago de los días y los oficios varios que he ejercido, me he asomado relativamente poco, es cierto, al canto. La verdad es que nunca me creí un cantor; pensaba que no había sido dotado para eso. En los últimos años empecé a sentir que sí tenía ese don, descubrí que tengo una voz importante y que podía ser un buen vehículo para decir lo que yo escribía. No podía reconocerme con gente como Atahualpa, Di Fulvio, Falú; autores maravillosos con una voz de paso y necesaria para sus composiciones. Por eso he grabado relativamente poco con mi voz aunque mis canciones sonaran tanto en las voces de otros intérpretes. Lo cierto es que, antes, el público me soportaba; tenía una voz que me era un poco ajena. Ahora sí puedo decir que soy yo el que canta. Y no puedo dejar de mencionar al maestro Ricardo Catena, que me ha enseñado muchísimo y que saca lo mejor de mis cuerdas y de mi diafragma.

P: ¿Eso lo llevó a regrabar clásicos de su repertorio en el álbum "Cosechero" que publicó el año pasado?

R.A.:
En parte sí. Y en parte tiene que ver con la sugerencia de mi editor Javier Tenenbaum. Fue mi ingreso al sello Los Años Luz y era una manera de poner al día estas canciones. Eso no significa, de todas maneras, que me falte material nuevo. Estoy muy activo. Tengo unas 150 cuadros para mostrar, tengo varios libros de poesía para editar y por supuesto un montón de canciones no conocidas.

P.: Pese a que usted nació en Garupá, cerca de Posadas, vive desde muy joven en Buenos Aires. Sin embargo, toda su obra musical está muy apuntada al paisaje de su provincia. ¿No logró conectar con la cultura tanguera por ejemplo?

R.A.:
No crea. Tengo canciones que se desarrollan en Buenos aires; aunque quizá no sean las más conocidas. Y desde siempre estuve muy cerca de los grandes artistas que han sido mis amigos: Rufino, Marino, Podéstá.

P.: Cada vez que se repasa su biografía, es obligada la mención al gualambao, un género que usted inventó. ¿Por qué pensó en algún momento que había que inventar un género?

R.A.:
Yo pertenezco a una provincia de algún modo acosada culturalmente por Brasil con el chotis (aunque algunos dicen que es misionero), el chamamé de Corriente, la galopa de Paraguay. Misiones no tenía su género y me pareció que era bueno aprovechar todas esas influencias y construir un género nuevo, que tiene un poco de cada uno. Llevará tiempo posiblemente para que el gualambao sea tomado por muchos artistas y se compongan piezas con esa forma; siempre lo nuevo trae extrañeza. El hombre es un animal de costumbre que tiende a lo conocido. Ha pasado siempre: con el tango, con el folklore.

P.: Independientemente del gualambao, usted está ahora mucho más presente, no sólo porque canta y eso le da presencia en los distintos escenarios sino porque hay un mayor reconocimiento a la grandeza de su obra.

R.A.
: A lo mejor, con el gualambao pasa como pasa conmigo ahora, que me puse de moda. Hay mucha gente que anda por la superficie, que se queda con la cáscara. Yo he intentado siempre ir a la carne, al hueso. Tengo una imagen potable y una mente clara; eso ayuda. Y, proporcionalmente a la gran cantidad de enormes músicos que ha dado, el litoral ha sido más escaso en poetas. A lo mejor están rescatando eso de mí.

P.: ¿Por qué usa esa guitarra de diez cuerdas tan personal, con tanta amplitud de registro?

R.A.:
La guitarra con estos bajos tiene unas posibilidades grandes. A veces parece un arpa, o un violoncello, sin dejar de ser una guitarra. Con este instrumento no necesito nada más.

P.: ¿Le gustó el documental que hizo Marcos López sobre usted y que conocimos el año pasado?

R.A.:
Sí. Está muy bien. Y también le gustó al público del BAFICI, donde se estrenó, que lo eligió y lo premió.

P.: Compone, canta y recorre el país, pinta, está en plena reforma de su casa y tiene un discurso optimista que sería la envidia de muchísimos jóvenes. ¿Cuál es el secreto?

R.A.:
Darse cuenta de que cada momento es maravilloso y que forma parte de la vida. Todo vale y hay que gozarlo. Tenemos que tomar conciencia de que cada instante que vivimos no volverá jamás; entonces, las personas inteligentes tienen que aprovecharlo, vivirlo intensamente. El solo hecho de vivir no me permite ser pesimista. Es increíble que estemos en el mundo y que cada mañana haya un sol para calentarnos.

Entrevista de Ricardo Salton

Dejá tu comentario