12 de enero 2010 - 00:00

¿Realmente quiere China ser potencia?

El debate generado en la prensa mundial por un libro recién publicado confirma que uno de los grandes temas de 2010 será el ascenso de China a la categoría de superpotencia y las consecuencias que ello tendría en el orden internacional.

«Cuando China gobierne el mundo: el ascenso del imperio asiático y el fin del mundo occidental» es el título explícito del libro de Martin Jacques, columnista del diario británico The Guardian, que ha suscitado muchas réplicas. Jacques pronostica que, en menos de 20 años, China dominará y remodelará el sistema global. «Estamos en el umbral de un mundo diferente», dice, porque a medida que los países se convierten en potencias hegemónicas «buscan modelar el mundo a la luz de sus propios valores y prioridades». Según él, Occidente comete el error de creer que el ascenso de China sólo tendrá consecuencias en lo económico.

Pekín viene desplegando un intenso activismo diplomático, de base sobre todo comercial, en Asia, África y Latinoamérica, ¿pero desea realmente gobernar el mundo?

Minxin Pei, profesor de Ciencias de Gobierno en el Claremont McKenna College, se pregunta en un artículo en Newsweek, «si China es tan fuerte, ¿por qué no muestra mayor liderazgo en los temas globales? Su dirigencia mantiene consistentemente un bajo perfil».

Consultado por Ámbito Financiero, el sinólogo argentino Jorge Malena, coordinador de la carrera Estudios sobre China Contemporánea (Universidad del Salvador), dice que «en la ideología del Partido Comunista Chino no existe la intención de que ese país sea una potencia mundial hegemónica al estilo del Moscú en tiempos de la Guerra Fría. Los dirigentes chinos son conscientes de la experiencia rusa, que fue superpotencia y terminó en el tercer mundo». «El chino es un socialismo peculiar, muy pragmático, mezcla de autoritarismo político con economía de mercado. Su modelo es un híbrido no exportable».

Hasta la propia inexorabilidad de la hegemonía china que el libro de Jacques sugiere es puesta en tela de juicio. En ese sentido, Malena cree que se perfila un mundo multipolar, no unipolar ni bipolar, porque «no sólo está China, sino también la Unión Europea, Sudáfrica, Brasil, hay otros polos. A lo sumo, en 20 años, China será el principal actor en el continente asiático».

Desde The Observer, Will Hutton, autor de «China y Occidente en el siglo XXI», replicó a Jacques: «China está en crisis, no en ascenso; no hay perspectiva de que gobierne el mundo, China es grande, pero pobre; poderosa, pero débil».

The Times de Londres señaló, por su parte, que pronósticos como el de Jacques no tienen en cuenta el crecimiento demográfico explosivo, la corrupción, las tensiones políticas internas y el régimen autoritario, como elementos que pueden dañar la marcha ascendente de China.

The New York Times también terció en la polémica afirmando que la tesis de Jacques se verificará sólo «asumiendo que nada hará derrapar la estabilidad política y el dinamismo económico de que goza China hoy».

Malena, por su parte, señala también que China tiene «una serie de prioridades internas que no le permitirían -aunque quisiera- desarrollar un proyecto de expansión político militar». «Gobernar un pueblo de 1.300 millones de personas que pertenecen a 56 grupos étnicos diferentes, y que no sólo demandan mayor nivel de vida, sino también en algunos casos autonomía, es un desafío que lleva a priorizar el frente interno», explica. Por otra parte, agrega, como China crece fundamentalmente sobre la base del mercado externo, «la crisis implicó una caída de la producción y del empleo, y el Gobierno tuvo que lanzar un plan de gasto público por 700.000 millones de dólares para generar trabajo y paliar el descontento».

La revista The Economist afirmó que, gracias a la solidez de las economías grandes y populosas como China, India e Indonesia, el mundo emergente no pagó un precio mayor en esta recesión. Pero el citado Minxin Pei recordó que, mientras el mundo elogiaba a China por cómo había encarado la crisis, la dirigencia de ese país no cesaba de preocuparse. «China debe lidiar ahora con una sobrecapacidad de producción de bienes baratos y deberá embarcarse en una dolorosa reestructuración», indicó.

Este 2010, año del Tigre en el calendario chino, mostrará si el país tiene la garra suficiente para lidiar con los obstáculos en su larga marcha hacia la primacía.

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