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Refugio hoy pasa por el dólar y los títulos de EE.UU.
¿Es la doble recesión un hecho consumado? ¿Qué otra cosa explica el diluvio universal? Se sabe que los mercados financieros anticipan y el Panorama Económico Mundial del FMI, no; que las estadísticas oficiales no reconocen una contracción en Europa o en EE.UU., apenas una pérdida de vigor. Sin embargo, ¿cómo logrará la economía global, ya malherida en el ala, remontar una cuesta de desconfianza cada vez más empinada? Es imposible que Europa lo consiga cuando la crisis, en su último meandro, fuerza a los bancos de primera línea a un torniquete crediticio. Es difícil pensar que pueda EE.UU. Aunque, en su descargo, el examen de indicadores no permite certificar la retracción. Las órdenes de bienes durables cayeron el 0,1% en agosto, pero habían trepado el 4,1% en julio. No cabe alegar debilitamiento en los planes de inversión. La operación twist disparó un auge inmediato de las refinanciaciones de hipotecas. El informe Chicago PMI sorprendió con bríos impensados (que se atribuyen a la industria automotriz). El gasto nominal del consumidor subió el 0,2% en agosto (y el 0,7% en julio) y su confianza rebotó en septiembre. Pero no es un paraíso: por primera vez en dos años, los ingresos cayeron y hubo que reducir la tasa de ahorro a un mínimo de 20 meses (al 4,5%) para sufragar el mayor gasto. No es un camino sostenible mientras el mercado laboral no repunte. En ese terreno, también brotó una sorpresa bienvenida: los pedidos de subsidios de desempleo, la última semana, cayeron en 37 mil a 391 mil. Buena parte de la merma, empero, refleja las dificultades de desestacionalizar los datos por causa de una huelga en Verizon. Aun así, si se inspeccionan las medias móviles, no se observa el patrón usual de las recesiones. No hay una escalera ascendente de pedidos. Así dista de ser casual que, mientras las Bolsas europeas ya bajaron su pulgar, Wall Street aún no emitió un veredicto lapidario. En ese sentido, le prestará atención, este viernes, al informe de creación de empleo. La encuesta cantó cero en agosto. Y, para preservar el suspenso, sí o sí deberá levantar la puntería (más allá del efecto Verizon).
Mientras el vendaval arrecia, sólo queda indemne un puñado de refugios (los suizos clausuraron el suyo antes que la fortaleza del franco les aplastara las espaldas). ¿Quién no recuerda la disyuntiva que atormentaba a la política económica? El debate estímulo versus austeridad. No saber si el peligro que había que evitar a toda costa eran los riesgos de inflación. O la amenaza de una doble recesión. Ahora que la crisis recrudece, y urge buscar reparo, hay que tomar partido. ¿Qué refugio se elige? ¿Qué activos calman la ansiedad? A simple vista, el dólar y los títulos del Tesoro no tienen rival. Es curioso, después de tanto despotricar, que cuando la crisis ataca la yugular, lo que se prefiera sea un refugio de papel. Es afortunado que así sea. El vicio que se les endilgó es, en las actuales circunstancias, su mejor virtud. Frente a un diluvio de presiones deflacionarias, la oferta de deuda (ya sea de la Fed o del Tesoro) se puede acrecentar con relativa facilidad. No hay razones para racionar el acceso. No habría motivos, en ese caso, para desesperarse ni apretujarse. ¿O sí? Ocurre que, en los hechos, el Tesoro no pueda aumentar su gasto. Que, torpemente, la política fiscal esté bloqueada. Por la intransigencia de los republicanos. Por la paradoja de una calificación en la cuerda floja (sólo para las agencias de crédito). Y la política monetaria no está libre de ataduras. La operación twist, por caso, satisface la restricción sugerida, de mala manera, por el gobernador Perry: no entraña emisión de base monetaria (claro que tampoco supone un estímulo arrollador). Al menos la cantidad de dinero está creciendo deprisa: el M2 al 10% interanual. ¿Alcanzará para torcer el destino de recesión? Ya se dijo: luce difícil. No saber si la recesión sentó sus reales no ayuda. Una declaración fehaciente del tropiezo minaría el bloqueo político.
¿Y qué apuntar de Europa? Allí rige una crisis de deuda soberana, no del euro (Merkel dixit). El margen para actuar es enorme, mucho mayor que en EE.UU., como también mayor es la necesidad. El BCE, que transmite en el dial de la prioridad antiinflacionaria, tendrá que ajustar la sintonía cuando la inflación subió al 3%. Cambiar la longitud de onda será una tortura íntima. No obstante, hay que pensar que lo hará. Quizás manteniendo las tasas de interés en su sitio. Lo fundamental es abrir las compuertas de la liquidez, increíblemente tapiadas pese a todas las convulsiones de la eurozona.


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