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Refugio y “caja”, encantos para no renunciar a butaca
Darío Giustozzi, Martín Insaurralde y Héctor “Cachi” Gutiérrez
Giustozzi también citó la conducta de Martín Insaurralde, primer candidato del FpV en 2013, que optó por la "licencia" en su municipio al igual que otros alcaldes: los massistas Sandro Guzmán (Escobar) y Patricio Hogan (Miramar) y los oficialistas Aníbal Regueiro (Presidente Perón) y Ricardo Móccero (Coronel Suárez).
Otros, como el radical Héctor "Cachi" Gutiérrez (Pergamino) o el peronista del Frente Renovador Gilberto Alegre (Villegas), dejaron sus cargos de manera plena aunque eso implique perder, al menos administrativamente, el dominio de sus pagos chicos. En diciembre pasado, Insaurralde dijo que hablaría con Cristina de Kirchner para que sea la Presidente, por haberlo proclamado candidato, quien decida si debía o no renunciar. Fue una picardía: para entonces, la Casa Rosada y Olivos ya se habían desentendido de la suerte política del lomense.
Cuando la semana pasada Carlos Kunkel avaló el planteó de Elisa Carrió de impulsar un proyecto contra las licencias indefinidas (ver nota aparte), llevó a un plano superior su tirria con Insaurralde y su enemistad con los massistas. Su juramento de votar una ley para bloquear los dobles cargos electivos -parece excluir, a priori, las licencias para asumir roles a tiro de decreto- tiene como subtexto poner en foco no una cuestión de moral política sino un asunto más mundano referido al manejo de los territorios y, a través de éstos, de recursos y rangos necesarios para la supervivencia.
Urgencias
Insaurralde y Giustozzi aparecen hermanados por una urgencia. Los dos se treparon a la carrera por la gobernación bonaerense como exponentes de una camada aggionarda y televisiva, de los barones del conurbano y, esas aventuras, no pueden permitirse desprenderse del territorio que además de operar como fuente de recursos aparece, ante la hipótesis de un fracaso futuro, como lugar al cual regresar para resurgir o para refugiarse en los tiempos de sequía.
Simple: tener territorio se traduce como tener poder y tener autonomía.
Insaurralde delegó, técnicamente, el manejo del municipio en Santiago Carasatorre, un veterano dirigente al que desde el peronismo K tientan con rebelarse contra el alcalde con licencia. Son equilibrios sutiles. En Almirante Brown, Giustozzi hizo un montaje más estridente: presentó su renuncia, pero los concejales suyos que tienen mayoría, la rechazaron y le dieron licencia. El diputado dejó en su lugar a Daniel Bolettieri que debutó en el declaracionismo político para quejarse por el eventual salto de Insaurralde al Frente Renovador massista, la razón de los desvelos del lord de Brown.
Una máxima no escrita de la perdurabilidad de los alcaldes es saber elegir al primero de la lista de concejales que lo acompaña cuando son electos porque es ese hombre -o mujer- quien tomará el cargo en caso de licencia. La destreza consiste en seleccionar con criterio al potencial reemplazo para espantar el karma del delfín que, como en general ocurre, al final se convierte en tiburón para su promotor.
Massa, en la carrera presidencial, no le teme a ese fantasma o tomó otras precauciones con Julio Zamora, su reemplazante, que en otros tiempos también ocupó el cargo de intendente cuando el tigrense pidió licencia para ser jefe de Gabinete de Cristina de Kirchner. La cautela de Giustozzi e Insaurralde, para no perder el control de sus dominios y de los recursos de esos dominios, puede entrar en tiempo de descuento si Carrió escribe el proyecto y el FpV, como prometió un eufórico Kunkel, acompaña su sanción.


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