"Brasil tiene solidez institucional. De todos los países que pasaron por dificultades, no se vio a ninguno proponiendo la ruptura democrática como forma de salida de la crisis. Ese método, que es querer utilizar la crisis como un mecanismo para llegar al poder, es una versión moderna de golpe", dijo la mandataria a una radio del interior de San Pablo.
Sus dichos, reproducidos por el blog oficial de la Presidencia, tienen como telón de fondo el surgimiento de movimientos que defienden su destitución, posibilidad que es apoyada por el 66% de la población, según las últimas encuestas.
Además de varias iniciativas populares en ese sentido, legisladores opositores lanzaron la semana pasada el Movimiento Parlamentario Pro-Impeachment, que basa sus argumentos en un pedido de destitución de Rousseff presentado por Hélio Bicudo, fundador del gobernante Partido de los Trabajadores (PT).
Este jurista de 93 años, que entre otros cargos fue vicepresidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, acusa a la mandataria de haber incurrido en un delito de responsabilidad fiscal al haber "maquillado" las cuentas públicas del año pasado, y afirma que ella estaba al tanto de los desvíos de fondos en la estatal Petrobras.
Ante esas acciones contrarias a su permanencia en el Gobierno, Rousseff dijo que quienes adhieren a ese tipo de recursos alientan el "cuanto peor, mejor". "Todas esas personas esperan una oportunidad para poder pescar en aguas turbias", afirmó.
"Infelizmente, hay personas que no se conforman con que Brasil sea una democracia sólida, cuyo fundamento mayor es la legitimidad dada por el voto popular", agregó.
A la crisis política por la que atraviesa la presidenta, que según la misma encuesta es apoyada por sólo el 8% de la población, se suma una severa crisis económica que llevó a que la agencia de calificación de riesgo Standard & Poor's le quitara a Brasil la semana pasada el grado de inversión.
Al respecto, la mandataria dijo que "estamos trabajando intensamente para que nuestra economía se vuelva cada vez más sólida, para aumentar la confianza de los agentes económicos en relación con las inversiones, para permitir que Brasil vuelva a crecer. Brasil es una economía grande y diversificada. Somos la séptima mayor economía del mundo", enfatizó.
"Muchos países en esta década pasaron por situaciones difíciles y tuvieron sus notas de riesgo rebajadas. Ya pasó con Estados Unidos, con Francia, Italia, España y ahora pasa con Brasil. Pero todos los países son mayores que sus notas", añadió.
Para intentar recuperar la economía, el Gobierno adoptó un impopular plan de ajuste, que incluye un aumento de impuestos y un fuerte recorte del gasto público. Esas medidas, según Rousseff, permitirán "lograr el reequilibrio fiscal", estimularán las inversiones y con ello ayudarán a recuperar las tasas de empleo, que han caído con fuerza en los últimos meses.
| Agencias DPA y EFE, y Ámbito Financiero |


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