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En el primer trimestre contable a febrero de 2015 vendió 31.221 toneladas de vidrio, en el de 2016 fueron 37.392 toneladas y ahora 38.621 toneladas. Esto frente a una producción de 33.610 toneladas, 54.120 toneladas y 37.057 toneladas respectivamente. De estos trazos gruesos podría pensarse que ahora, con más vidrio vendido (lo que naturalmente debiera interpretarse como más ingresos) y menos producido (naturalmente menos costos), debiera de haber ganado este trimestre más que en igual lapso de uno y dos años antes. Sin embargo fueron netos de $18,23 millones en 2015, $63,2 millones en 2016 y $9.943.177 ahora (en dólares libres, u$s1,4 millón, u$s4 millones y u$s0,6 millón respectivamente). ¿Qué no dice la empresa? Que las ventas crecieron 13% respecto del mismo período del ejercicio anterior (aunque no menciona que enfrentamos en este lapso una inflación de 34% -índice Congreso-), "que -las ventas- no fueron buenas con relación a las necesidades de su estructura y en función de las expectativas que se había trazado", y que a futuro "El próximo trimestre será todavía difícil...", finalizando que estima que "...a partir del segundo semestre -junio- comenzará a reflejarse lo mejor del ejercicio". Lo que no aclara del todo es porqué este fue su peor trimestre en al menos un lustro. Más allá de las ventas, los problemas no parecen ser operativos: el bruto resultó 54% mayor al del año previo y el operativo 88% mayor (recordar: menor producción). Donde la cosa cambia es en lo financiero. Dejando de lado los beneficios excepcionales de la devaluación 2016, esta carga le resulta 386% ahora mayor que la de 2015 (en 2014 lo financiero le aportaba $13 millones), dejándole un antes de impuestos de $16,6 millones (nominalmente el más bajo desde al menos 2013). Es cierto, hay una cuestión de contexto, pero no es su único problema.
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