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Robilliard y Juri en un magnífico concierto
La violinista francesa Virginie Robilliard se presentó ayer en los Conciertos del Mediodía del Mozarteum Argentino.
El lluvioso mediodía de ayer fue un marco más que adecuado para el programa ideado para este tradicional ciclo de conciertos del Mozarteum Argentino por la violinista francesa Virginie Robilliard y el pianista argentino José Luis Juri. Invirtiendo con buen criterio el orden originalmente anunciado, ya que la «Tzigane» de Maurice Ravel no hubiera sido un buen preámbulo para la «Sonata en la mayor» de César Franck, el programa dio comienzo con esta delicadísima partitura, una de las más sublimes del repertorio, dedicada a Eugène Ysa e y escrita en 1886.
Nacida en Lyon y desarrollando su carrera entre América y Europa, Robillard es una artista fabulosa, que une la afinación perfecta a una variedad de recursos técnicos y expresivos constantemente puestos a los pies de la música; fue notable, por ejemplo, el paso de un sonido terso en el primer movimiento a otro mucho más áspero en el «Allegro» que le sigue en la sonata de Franck. El cuidadoso trabajo de ensamble con el piano de Juri se evidenció en cada inflexión, en especial en la belleza introspectiva de la «Fantasia», que Robillard fraseó de manera exquisita, y en las persecuciones canónicas del «Allegretto poco mosso» final.
Por su parte, la «Tzigane» posibilitó a la violinista lyonesa desplegar un amplio rango de dinámicas y colores, y acometer con facilidad asombrosa los pizzicati, octavas paralelas, armónicos y demás vericuetos técnicos de esta rapsodia virtuosística. Complementando este despliegue magnífico, la sensibilidad y la inteligencia musical de Juri forjaron un marco perfecto.
Como único bis los artistas interpretaron una joya de la vienesa Maria Theresia von Paradis (1759-1824), mujer de excepcional talento a la que su temprana ceguera no le impidió desarrollar una carrera como pianista, organista y compositora y ser destinataria de conciertos de Haydn, Mozart y Salieri: la exquisita «Siciliana» en mi bemol, cierre ideal para este refugio de arte y música en medio del caos porteño cotidiano.


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