De padre escocés y madre uruguaya, Jean Lanham nació en el Hospital Británico. Ama sus dos culturas, Escocia, donde se crió y los períodos vividos en el Uruguay y la Argentina, por eso, este ensayo fotográfico es casi autorreferencial al guardar similitud con la historia de sus ancestros y de aquellos que retrató.
«Lazos», es el título de la muestra y de un poema de Andrés Bosso: «Acaso en Londres, a las cinco en punto/hay un mate cebado por un lord/mientras un caballo es montado con aristocracia/ en una cañada del Salado».
Ferrocarriles, frigoríficos, compañías petroleras, marina mercante, bazares de comienzos del siglo XX que se instalaban en la calle Florida, fundadores de clubes del Tigre a fines del XIX, de clubes legendarios de Lomas de Zamora, San Isidro, Adrogué, deportistas, hacendados, administradores de campos, institutrices, docentes, también arriesgados aventureros. Son parte de las historias de Amalia, a los 101 años la decana de esa residencia, quien a los 14 años y en un barco rumbo a Inglaterra le ayudó practicar inglés a Jorge Luis Borges; Carlos, que nunca visitó el reino Unido; Elena, Gertie, Jet, Thelma, Peggy, Lillian y Rita, entre otros, que emigraron a estas tierras en tiempos difíciles, encontraron la posibilidad de dedicarse a diversos trabajos y ayudaron a hacer el país. «Héroes» anónimos que merecen ser recordados por su compromiso con estas tierras sin olvidar su identidad.
Fotos directas, sin artificios, rostros serenos, miradas transparentes que observan con franqueza, delicadas figuras de porte airoso, responden a lo que Susan Sontag llama «experiencia capturada». Esta muestra que permanecerá exhibida durante dos meses fue organizada por la Embajada del Reino Unido en el marco de nuestro Bicentenario. El excelente catálogo tiene prólogo del destacado fotógrafo Guillermo Ueno y el epílogo fue escrito por Andrew Graham-Yooll.
En la obra de este artista autodidacta que conocimos en el año 2000 por su serie «Zapatos», más adelante «Empanadas» (2003), «Embarque Inmediato» (2006) o «Flying Colors» (2009), hay un rasgo común: la ironía para tratar los temas que tienen que ver con su vida personal y su aguda observación del mundo que lo rodea.
Anzízar hace un culto de la manualidad, recorta, cose, pega, adorna, un trabajo personal minucioso que puede convertir en kitsch cuando quiere. Siempre tuvo libertad colorística, que en esta serie aparece muy enfatizada y que alude a la naturaleza en tonalidades pastel. En medio de la maraña que no es otra cosa que un dibujo muy meditado, instala sus pájaros, en realidad los apresa. Y eso es lo que quiere decir, nada de panfleto ni discurso ecologista, sólo alertarnos para que no dejemos de mirar y escuchar a estos seres alados, para los egipcios un símbolo de espiritualización y para la tradición hindú, los estados superiores del ser.
Es quizás en este estado que Anzízar «fabrica» esta naturaleza para que no la olvidemos.
Ahora no muestra nada pero sí unos ojos de asombro de un personaje tipo comic, que se mimetiza con una naturaleza selvática, grandes planos geométricos, muy bien resueltos en lo que concierne al color y a la técnica del marouflage, un muy buen recurso de luces y sombras.


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