Cualquier película en la que Franco Nero haga del Papa es para ver. Aun cuando como, en este caso, esta elección baja el estilo de una producción de terror religioso, que podría llegar a tener cierta seriedad, al de un comic terrorífico que a su manera funciona bien. La acción transcurre a mediados de los años 80 –lo que da lugar a una atractiva banda sonora rockera con temas de The Cult- cuando el Papa era Juan Pablo II, lo que suena incoherente con un pontífice barbudo que interpreta con entereza Franco Nero. El asunto es que justo cuando los poderosos del Vaticano quieren modernizarse y suspender la autoridad del exorcista oficial, el Santo Padre se interesa en el caso de una antigua abadía española donde hay un niño que tal vez esté poseído (todo esto según supuestos archivos reales del exorcista vaticano Gabriel Amorth).
- ámbito
- Edición Impresa
Russell Crowe no volverá a ser gladiador pero es exorcista
Así que un carismático padre en motoneta llega al lugar y pone manos a la obra del Señor. Russell Crowe se luce como este exorcista pintoresco y lleno de pecados pasados que descubre un antiguo mal que incluso explica los años de la Inquisición. La película da buenas vueltas de tuerca a todo lo que se vio en el clásico “El exorcista” de William Friedkin, desde los mensajes en el cuerpo del poseído –que es más malo que Linda Blair, lo que suma puntos- hasta lo más interesante, que son las conversaciones con el Maligno, experto en mezclar mentiras con verdades.
Julius Avery, responsable de “Overload” sobre horribles experimentos nazis, hace un buen trabajo en mezclar el típico terror religioso con climas y una dirección de arte propias del mejor horror gótico, y hay que reconocer que aquí hay sustos a granel y que la acción sobrenatural no se detiene ya desde el impactante prólogo hasta el desmadrado desenlace. De la cantidad de películas de exorcismos que llegan últimamente, esta se destaca aun desde su título.


Dejá tu comentario