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Sabina, un andaluz de Jaén y de la Argentina
Sin novedades en repertorio ni estilo, Joaquín Sabina cumple con otra visita en un territorio de incondicionales.
Ya viejo amigo de la casa, este andaluz de Jaén no necesita mayores excusas para darse una vuelta por aquí. Como su compatriota Joan Manuel Serrat que por cierto arrancó mucho antes este romance con nuestro país, Joaquín Sabina ha logrado una incondicionalidad del público argentino que le permite venir cuando quiere -«Llamaron desde la Argentina, ¿y cómo carajo se niega uno?», dijo- y colmar cuanto espacio se le presente, ya no sólo en Buenos Aires a la que suele mencionar como a su ciudad-amante.
Su último show había sido en enero del año pasado, cuando llegó para presentar «Vinagre y rosas». Esta vez, se trata solamente de darse una vuelta por una región que lo acoge cariñosamente, que conoce sus canciones -aun las más nuevas-, que lo recibe y lo celebra como a uno de sus próceres, y que hasta le ha perdonado -como una madre o una esposa resignada- algunos antiguos desplantes.
Así, resta una larga seguidilla en el mismo Luna Park, además de una presentación en Córdoba el 31 y en Asunción del Paraguay el 14 de abril. Sin complicaciones marketineras por delante, entonces, pudo darse el lujo -como lo había hecho antes, en sus conciertos de Tucumán, Bahía Blanca y Mar del Plata- de armar un recital con una treintena de títulos a manera de grandes éxitos, con muy poco de su CD más reciente.
Para la ocasión, lució su conocido aspecto de muchacho desalineado y bombín, y se respaldo en una banda que lo acompaña desde hace tiempo, con sus viejos laderos Antonio García de Diego y Pancho Varona, con su importantísimo guitarrista Antonio Asúa, y con su nueva corista -que ya había venido con él el año pasado- Marita Barros. Y no hubo sorpresas, aunque sí frases divertidas de esas que entusiasman a los fans.
Con su garganta en condiciones aceptables, con su personal ronquera y su estilo inconfundible, el español hizo desfilar canciones como «Esta noche contigo», «Medias negras», «Aves de paso», «Tiramisú de limón» -del último disco-, «Peor para el sol», «19 días y 500 noches», «Princesa, «Por el bulevar de los sueños rotos», las «argentinísimas» «Con la frente marchita» y «Dieguitos y Mafaldas», «Noches de boda», la ranchera mexicana «Y nos dieron las 10», «Una canción para la Magdalena», etc. Y como es habitual, dejó los pequeños momentos solistas para sus compañeros: Varona cantó «El rock and roll de los idiotas», De Diego hizo «Tan joven y tan viejo», Asúa «El caso de la rubia platino» y la sensual Barros se lució con «Yo quiero ser una chica Almodóvar» y «Y sin embargo te quiero», ésta a dúo con Sabina.


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