5 de diciembre 2008 - 00:00

Sal en la herida sangrante del Frente Amplio

La disputa en torno al veto a la despenalización del aborto fue la razón explicitada por Tabaré Vázquez al argumentar su renuncia a la agrupación de la que formó parte desde 1983. Sin embargo, un conflicto tanto ideológico como estratégico de cara a la campaña presidencial que se avecina distancia al mandatario de buena parte de la base militante del Frente Amplio. Allí debe encontrarse el verdadero motivo de la abrupta decisión del presidente uruguayo. Vázquez cree que si prevalece la visión de los sectores más ideologizados (y mayoritarios) de la nomenklatura de la coalición oficialista, las elecciones presidenciales del año próximo están perdidas.
En el último año, el Partido Socialista (PS) quedó como virtual espectador de la abierta pelea por la candidatura del Frente Amplio entre el centrista Danilo Astori, impulsado por el presidente y representante de Asamblea Uruguay, y el carismático José Mujica, líder del Movimiento de Participación Popular (ex tupamaros) y guía espiritual del ala izquierda de la coalición oficialista. En este marco, el PS se volcó a sus instintos más básicos (es decir, trata de conseguir un espacio en la opción Mujica) y no ahorró desafíos a su jefe natural, Vázquez, que se potenciaron con el espinoso debate del aborto.
En un congreso propio realizado en noviembre, los socialistas proclamaron a un candidato de su color intentando terciar -al menos simbólicamente- en la pelea central, que aflorará en todo su esplendor en la convención del Frente del 13 y 14 de diciembre. El ensayo fue con Daniel Martínez, ministro de Industria del actual gobierno. La estrategia busca colar a un hombre propio en un binomio con Mujica. Un plan perfecto, pero nada más lejano de las intenciones de Tabaré.
Paradójicamente, el presidente uruguayo, que se vuelca sin disimulo a la candidatura de Astori, provocando la división del Frente, habría evitado este callejón si hubiera accedido a cambiar la Constitución para posibilitar la reelección, como le requerían a izquierda y derecha de la alianza. El equilibrista Vázquez apuesta todo a Astori e ideó el acompañamiento de Mujica en la fórmula, que a simple vista parece estrambótico. El mandatario apela a que en el ex ministro de Ganadería prevalezca el estratega que también existe en él por sobre los instintos ideológicos del ex guerrillero forjados en una ardua, riesgosa y larga militancia pergeñada desde La Teja de Montevideo.
El Frente ronda 40% de la intención general de voto. Es decir, su amplia base electoral de centroizquierda que consolidó desde mediados de los 90. Con Mujica, los sondeos dicen que apenas sumaría unos puntos insuficientes en un eventual ballottage frente a un postulante del Partido Blanco. En cambio, Astori, según la tesis de Vázquez y de muchos analistas, perfora ese techo con buen margen.
«El temor de Vázquez es que Mujica pierda las elecciones», explicó el politólogo uruguayo Adolfo Garcé, en diálogo con Ambito Financiero. Mujica «tiene un estilo muy especial de comunicarse, muy heterodoxo para la tradición política conservadora de Uruguay», prosiguió.
«En las internas del FA se preguntan: ¿puede Mujica ser un buen presidente?», recordó el analista. «Como ministro de Ganadería fue muy cuestionado tanto fuera como dentro del gobierno. Ahora, el oficialismo teme una profundización populista, ven con malos ojos su amistad con Hugo Chávez y los Kirchner», argumentó.
«Las actuales diferencias del FA son muy duras y notorias para el público, si las elecciones internas no se transforman en un fratricidio», concluyó Garcé.
Quedan apenas días para el congreso frenteamplista, en el que los mujiquistas son amplia mayoría. Para evitar decisiones que ve como catastróficas -una nominación de facto o una interna de alto riesgo-, a Tabaré sólo le quedan apuestas fuertes. Acaso la conocida ayer sea la primera.

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