18 de agosto 2010 - 00:00

Sarkozy comienza la expulsión de gitanos

Nicolas Sarkozy
Nicolas Sarkozy
París - El Gobierno de Francia prevé repatriar «antes de fin de mes» a unos 700 gitanos en situación irregular a Rumania y Bulgaria, dentro del plan de «retorno voluntario» a sus países de origen, de los cuales 79 partirán mañana, una decisión que agudiza la polémica por la política de seguridad del presidente Sarkozy.

Setenta y nueve gitanos que aceptaron acogerse a un plan de ayuda al retorno voluntario de 300 euros por adulto y 100 euros por menor, serán repatriados desde Francia a Bucarest, anunció el ministro francés de Inmigración, Eric Besson.

Se trata, según él, del 25º vuelo de este tipo desde el inicio del año hacia Rumania y Bulgaria.

El ministro francés del Interior, Brice Hortefeux, anunció por su parte que 51 campamentos ilegales de gitanos habían sido desmantelados este verano (boreal) en toda Francia. Según él, hay 600 campamentos ilegales en el país.

«En total, unos 700 gitanos serán llevados a su país de aquí a fin de mes» en avión, anunció el ministro, y precisó que los vuelos estaban previstos mañana y el 26 de agosto, y un tercero «a finales de septiembre».

En 2009, 44 vuelos de este tipo fueron organizados, y 10.000 rumanos y búlgaros llevados a sus países, según las autoridades francesas, que reconocen, sin embargo, que las personas expulsadas, miembros de la Unión Europea, podrán regresar a Francia sin visado y quedarse durante tres meses sin justificación.

Unas 400.000 personas, francesas en un 95%, forman parte de la comunidad gitana en Francia. El resto está formado por gitanos de origen búlgaro, rumano y de países balcánicos, cuyo número va en constante aumento, según el Gobierno. Se calcula que hay 15.000 gitanos en situación irregular en Francia.

Además de esas expulsiones en serie, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, dijo recientemente que quería retirar la nacionalidad francesa a los criminales de origen extranjero.

La ONU y la Unión Europea criticaron a Francia por establecer una relación entre inmigración e inseguridad. Sarkozy fue acusado por la oposición de promover un «racismo de Estado», e incluso recibió cuestionamientos dentro del oficialismo.

«Esta política de la humillación da una visión degradante de la acción pública. Francia no es un país racista. Pero al activar las pulsiones del racismo, el Ejecutivo ridiculiza nuestros principios y nuestros valores», consideró ayer el diario Le Monde. Pese a sondeos contradictorios, el Gobierno está convencido de que todo este tema fortalece a Sarkozy de cara a las elecciones presidenciales de 2012, luego del escándalo político-financiero de los últimos meses protagonizado por el ministro del Trabajo, Eric Woerth, y la mujer más rica de Francia, Liliane Bettencourt, y que salpica al propio presidente.

Agencia AFP

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