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Satírica pintura de unos aspirantes a artistas
Rodolfo Demarco, José Mehrez, Germán Rodríguez y Fernando Migueles cumplen destacadas actuaciones en una corrosiva pieza de Alejandro Iacovino, a la que le restan fluidez demasiados apagones.
Hay algo de diabólico en la ingestión de absenta, musa perversa de los bohemios franceses de «Fin de Siecle» que la denominaron «la fée verte» (el hada verde).
Por su culpa, Van Gogh terminó cortándose una oreja (para luego enviarla en «delivery» a una prostituta). También se le atribuye la degradación mental de otros célebres adictos con fama de malditos -como Baudelaire, Rimbaud, Verlaine, Strindberg y Modigliani- que entregaron su alma a esta bebida espirituosa, conocida en español como ajenjo.
Siempre se le atribuyó el poder de «abrir la mente» y de estimular el proceso creativo. Oscar Wilde llegó a decir que un vaso de absenta era tan poético como un ocaso («What difference is there between a glass of Absinthe and a sunset?»). Pero luego se la prohibió por provocar alucinaciones y serios daños a nivel neuropsiquiátrico. Hasta que por fin se la reivindicó, en la última década del Siglo XX, como una bebida alcohólica más, de ésas que hay que ingerir con moderación.
En «Absentha», la nueva comedia negra de Alejandro Acovino («Continente Viril», «Rodando»), esta poción «mágica» acelera la pátetica transformación de tres poetas amateurs que asisten a un ignoto centro cultural, bajo la guía de un profesor de literatura (alcohólico y con ínfulas de iluminado) que los desprecia en secreto.
La mediocridad de estos alumnos, sus envidias y rivalidades, su penoso servilismo ante quien detenta el poder, sumados a su creciente descalificación de la obra ajena (que absenta mediante, se transforma en violencia destructora) ofrecen interesantes asociaciones con la sociedad argentina.
La pieza tiene diálogos corrosivos y notables caracterizaciones, pero su estructura atomizada (cada escena es una clase) impide que el conflicto central trascienda las historias individuales. El exceso de apagones, entre un cuadro y otro, le quita fluidez a la acción, pero esto se ve ampliamente compensado por las destacadas actuaciones de Rodolfo Demarco (Mamu), José Mehrez (Aitor), Germán Rodríguez (Gapo) y Fernando Migueles (el profesor Lato).
«Absentha» es también un satírico retrato de ese mundillo de aspirantes a artistas que invade los incontables talleres literarios, culturales, de teatro, que pululan en nuestra ciudad. Acovino parece conocerlos muy bien.


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