22 de agosto 2018 - 00:00

Se acentuará el éxodo en el viejo paraíso petrolero

Caracas - El carpintero José Narváez, de 43 años, planeaba abandonar Venezuela y emigrar a la cercana isla caribeña de Aruba antes de fin de año, hasta que el presidente Nicolás Maduro reveló un conjunto de medidas en medio del desmoronamiento de la economía del país. Ahora quiere irse tan rápido como pueda porque cree que el paquete económico es "ilógico" y no le genera confianza. "Esto se va a poner peor", sostiene decepcionado.

"Estoy buscando el pasaje para irme el miércoles como sea", dijo Narváez, quien vive en la occidental localidad de Punto Fijo. "Por más deseos que tenga de estar en mi país con los míos, tengo que hacer de tripas corazón".

Maduro, que sostiene que el país es víctima de una "guerra económica" liderada por Washington, que busca sabotear su Gobierno a través de duras sanciones, dice que el uso del petro, la nueva criptomoneda nacional, abolirá la "tiranía" del dólar y llevará a un renacimiento de Venezuela, que tiene las mayores reservas de crudo del mundo.

La nación miembro de la OPEP, de 30 millones de habitantes, ha sucumbido ante la escasez de comida, el resurgimiento de enfermedades ya erradicadas y la destrucción de los salarios por la hiperinflación, por lo que miles han decidido dejar el país, la mayoría en largos viajes en bus en busca de un nuevo hogar.

La Organización de las Naciones Unidas calcula que al menos 2,3 millones de venezolanos se encuentran ahora en el exterior.

Los migrantes parecen abandonar el país cada vez en peores condiciones. La imagen de venezolanos pidiendo dinero en las calles en Colombia y Ecuador se ha vuelto cotidiana.

Situaciones como esa han hecho que algunos países que en principio acogían con los brazos abiertos a los venezolanos, ahora les den la espalda debido al flujo incesante de migrantes (ver página 16). Ese rechazo marca un fuerte contraste con lo vivido en las décadas de 1970 y 1980, cuando Venezuela aceptó a miles de sudamericanos que huían de las dictaduras que asolaban a la región, y también con respecto a lo vivido los 40, cuando europeos y árabes encontraron un hogar en el país.

"No estoy de acuerdo, porque aquí hemos aceptado a todos. Que nos den la oportunidad y abran la conciencia a lo que ocurre, porque esta situación va a seguir", dijo en Caracas Maritza Hernández, una profesora de deportes de 60 años.

Uno de sus hijos se encuentra en Chile, mientras que el mayor planea emigrar allí este año. Hernández espera hacer sus maletas en 2019.

Maduro, cuyo Gobierno no da estadísticas de migración, ha advertido a los venezolanos sobre los peligros en el extranjero y se ha burlado de quienes se van del país para aceptar empleos mal pagados, diciendo que algunos de ellos están "lavando pocetas en Miami".

Las medidas económicas anunciadas por Maduro han asustado a los venezolanos, temerosos de un caos más profundo en la volátil nación.

Con un salario mínimo mensual de unos pocos dólares, la comida está fuera del alcance de muchos. Para quienes se quedan, el problema ahora es cómo emigrar tras la depreciación de la moneda y con una inflación anual que la oposición estima en un 82.000%.

Agencia Reuters

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