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Se falsean las estadísticas, los candidatos y los debates
Escribe Enrique Szewach
No fue esto lo que se hizo. No fue eso lo que se quería hacer. Lo que se hizo, y lo que se quería hacer, lisa y llanamente, era traspasar los activos de las AFJP, incluidas las estatales, a la ANSES y establecer un régimen único de reparto.
Como se mencionó, en un régimen de reparto, se pagan las jubilaciones de acuerdo con lo establecido por la ley, y lo que «sobra» se destina a objetivos públicos diferentes del de maximizar la rentabilidad de los fondos. No importa la letra de la ley, ni las comisiones de control, ni los «fondos de garantía». Ninguna de esas instituciones es compatible con un sistema de reparto. Son engendros virtuales y falsos, para disfrazar la realidad. La realidad es que la Argentina tiene un sistema jubilatorio de reparto, que además está en infracción, porque ha liquidado y sigue liquidando mal los haberes jubilatorios, generando compromisos de deuda futuros, a medida que los juicios de los actuales receptores vayan determinando el pago de las diferencias.
Ingresos
Por esta razón, el supuesto superávit de la ANSES no es tal. Tampoco lo es por el hecho de que los ingresos no están conformados únicamente por los aportes a la seguridad social y los nuevos aportes de los «traspasados obligatoriamente» del anulado régimen del capitalización, sino que, además, cuenta con impuestos cedidos por las provincias para financiar la transición entre el régimen de reparto y el régimen de capitalización. Pero al ser eliminado este último, ¡no hay transición y hay que devolver los impuestos que la financiaban! Si se procede de esta manera, a la ANSES no le sobra nada, por el contrario le falta y mucho.
Como se puede apreciar, hay un régimen de reparto que ha heredado un falso esquema de regulación y control, vinculado a un régimen de capitalización que ya no existe, mientras que la ANSES administra un falso superávit.
Los fondos de la ANSES, salvo por estos «pequeños detalles» de un superávit inexistente y jubilaciones mal liquidadas, están «bien administrados». Para eso se instrumentó, y se votó mayoritariamente, un sistema de reparto exclusivo, para destinar los fondos a objetivos diferentes del de la maximización de la rentabilidad sujeto al riesgo. (Insisto, si se hubiera querido esto último, no se hubiera hecho lo que se hizo). Los objetivos de cualquier fondo público de un Gobierno intervencionista son: maximizar cierto empleo (mientras se permite que otros trabajadores lo pierdan sin seguro), financiar emprendimientos de interés público, ayudar a los amigos y participar de las decisiones de empresas privadas designando directores (en lugar de negociar la venta paulatina de las acciones), entre otros.
Ése era el objetivo central de la apropiación de los fondos. Eso es lo que se está haciendo y muy bien. No se entiende qué se cuestiona. No se entiende, para variar, qué se debate.

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