De noviembre de 1929 hasta abril de 1932 el Dow trepó el 48%. Entre julio de 1932 y septiembre del mismo año la suba fue del 93%. Entre febrero de 1933 y febrero del año siguiente, al avance llegó al 121%. De julio de 1934 a marzo de 1937 las blue chips subieron el 127%. De marzo a noviembre de 1939 el rally fue del 60%. Entre abril a setiembre de 1939 la mejora fue del 28%. Entre abril de 1942 y mayo de 1946 la suba rozó un 129%. Todos números impresionantes que reflejan el optimismo de aquellos años. ¿Optimismo? ¡Está bien!, tal vez no sea ésta la palabra adecuada porque entre la primera y la última de estas fechas (14 años) lo que ganó el Promedio Industrial fue inferior al 7%.
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El objeto de acercar estos cálculos es múltiple. Por un lado resaltar que aun en un mercado de largo plazo bajista o lateral pueden existir períodos con subas significativas. Por otro, que este mercado puede darse al mismo tiempo que la economía transita por una sucesión de procesos recesivos. Esto explica porque aun cuando se ha venido hablando del rally desde principios de marzo y de una eventual recuperación económica para fines de año o comienzos del próximo los más veteranos del mercado bursátil son, escépticos. Es así que el 1,25% que cedió ayer el Dow al cerrar en 8.504,67 puntos no sorprende demasiado, aun sin tener en cuenta que se reveló que la producción industrial se derrumbó por séptimo mes consecutivo, que los precios mayoristas siguen marcando una deflación y que la gente de Morgan Stanley le firmó el certificado de defunción al rally.
Es cierto que la apertura fue alcista de la mano del incremento en la construcción y pedidos de permiso para vivienda y merced a la suba de los commodities (que al cierre se desplomaban un 2% en promedio). Pero fue muy fácil derribar el optimismo.
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