Los antiguos alquimistas -que trocaban el plomo en oro- al menos tenían que incorporar más trabajo en el intento. No poseían la técnica moderna, que se puso de nuevo a funcionar a pleno en el inicio de la semana: convertir dólar devaluado en todo bien transable que tenga cotización pública en el mundo. Una operatoria que ya está puesta en superficie de modo explícito y desde hace un buen tiempo, que continúa como el argumento magistral para cualquier activo que pueda elevarse. Simplemente con «acaparación» de parte de una oferta que no observa alternativas fuera del circuito, el juego se complementa y retroalimenta. En la víspera y a media hora de su cierre, el Dow Jones retenía el 1% de suba. Mientras el indicador brasileño lo duplicaba con holgura, hasta un 2,2%.
Y el tan percudido Merval del viernes, obtenía también una nueva llegada de órdenes. El índice mayor se acercó a la frontera para quebrarla, rumbo al récord «nominal» histórico, y concluyendo en los 2.294 puntos. Que le otorgó suba del 2,74%. Solamente la mitad de ello en el listado de las locales -el 1,3%- y siendo obvio que Tenaris, con su aumento del 5,3%, recobró su rol estelar en el índice ponderado. Diferencias de 49 aumentos por 17 en baja confirmaron la tónica alcista. En punto a negocios, se pasó de $ 22 millones a los más presentables de ayer: $ 56 millones efectivos. En esto también Tenaris pisó fuerte, casi 300.000 papeles que -en dinero- cubrieron una porción cercana a los $ 25 millones. Se armó nuevamente el «baile» bursátil global, y todos tuvieron pareja. La Bolsa, rubia.
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