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Secreto suizo, herido de muerte
Pierre Mirabaud, presidente de la Asociación Bancaria Suiza. Para él, «Estados Unidos no siguió el procedimiento». Lo cierto es que el UBS deberá pagar una multa.
El UBS, uno de los más afectados por la crisis en Europa, llevó a Suiza al borde del abismo. De no haberse declarado dispuesto a pagar la elevada multa y dar el nombre de sus clientes, se habría enfrentado a un proceso que habría dañado mucho su imagen y, tal vez, arrastrado a la entidad a la quiebra y al Estado con ella, ya que se comprometió a salvarla. Éste es el escenario con el que se encontraron los responsables en los últimos días.
Suiza distingue desde los años 30 entre fraude fiscal y evasión tributaria. Quien presenta datos falseados defrauda. Quien «olvida» pagar sus impuestos evade. En casos de fraude, las instituciones colaboran con las autoridades de los otros países, pero no cuando hay evasión.
Tanto en la Unión Europea como en Estados Unidos esta posición genera rechazo desde hace años. Suiza basa su diferenciación en la libertad de los ciudadanos, pese a que cada vez hay más que reconocen hacer un mal uso de esa libertad. Y los historiadores consideran hoy un mito que el secreto bancario se haya introducido por motivos humanitarios para proteger de los nazis a las fortunas de los judíos.
Washington extorsionó a Berna, se comentaba ayer en Suiza. El presidente de la Asociación Bancaria Suiza, Pierre Mirabaud, opinó resignado: «Estados Unidos no siguió el procedimiento». No esperó a que se resolviera un proceso de colaboración introducido en junio, sino que obligó a que se llegara a un acuerdo con el UBS. El banco deberá pagar, por tanto, u$s 780 millones como multa y compensación, y dar a conocer los nombres de 300 clientes estadounidenses.
El UBS reconoce las acusaciones: «Hemos cometido graves errores. Nuestros controles fracasaron. Algunos de nuestros colaboradores ayudaron a ciudadanos estadounidenses a engañar a su Estado», indicó ayer el presidente del consejo de administración del banco, Peter Kurer.
El secreto bancario es muy criticado desde los años 60, en relación con cuentas de dictadores o la financiación del terrorismo. Sin embargo, los esfuerzos por limitarlo habían fracasado hasta ahora, que se exige terminar con la diferenciación entre fraude y evasión. Pero en eso se basa precisamente la riqueza suiza.
Si en Suiza hubiese sólo secreto bancario, pero no una distinción entre fraude y evasión, no sería tan terrible. Porque el secreto bancario equivale a un secreto de profesión que en caso de delito puede ser levantado. Así, según opinan los expertos, Suiza deberá redefinir su secreto bancario. De lo contrario, todo cliente de un banco local deberá contar con que sus datos serán proporcionados cuando se pruebe cualquier hecho con trasfondo delictivo, como la evasión de impuestos. Hans Geiger, especialista en finanzas de la Universidad de Zúrich, lo formuló así: «La protección de la esfera privada financiera es importante. La protección de la evasión no lo es más para la plaza financiera Suiza».
Agencia DPA


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