14 de diciembre 2016 - 15:10

"Si abrís franquicias te convertís en una fábrica de hacer chorizos"

Mariano Antonio no es el habitual y acartonado empresario que uno podría cruzarse en el centro porteño. Dueño de American Tattoo, logró crear la marca más famosa en la materia en nuestro país, proyectarse internacionalmente y montar una estructura que hoy cuenta con 40 empleados, casi un millón de seguidores en redes sociales y una cartera de clientes que va desde exconvictos hasta Diego Maradona. “Su presencia frisa el ambiente”, confiesa.

Si abrís franquicias te convertís en una fábrica de hacer chorizos
"Arranqué hace 26 años, en 1990. En esa época el tatuaje era palabra mal vista, marginalidad total. Empecé por un tema de "hobby". Me gustaba mucho el rock, más que soy un músico frustrado que no puedo tocar ni un timbre. Básicamente busqué una opción que me linkeara hacia ese mundo sin tener que tocar un instrumento. El crecimiento se fue dando solo, paulatinamente. Con el cambio de milenio empezó a explotar el boom", recuerda el fundador de American Tatoo.

Periodista: ¿Cómo lograste montar una empresa fructífera en un ambiente no tradicional?

Mariano Antonio: Siempre digo que me quiero retirar y me dicen "vendé los negocios", pero no es tan fácil. Esto es algo muy particular, no es una cadena de pizzería o de tiendas de ropa. Que alguien lo pueda llevar adelante sin que seas vos, que sos el que entendés, es complicado.

P.: ¿Cuál es el diferencial de tu servicio?

M.A.: Doy lo que me gusta recibir, tan simple como eso. En 26 años nunca hicimos publicidad tradicional. Fue un boca en boca. Además de que el tatuaje esté bueno, que es lo que uno quiere, la gente también pretende buen servicio, llegar, y que te hagan sentir como en casa. A eso sumamos las redes, donde volcás contenido para tu público y podes tener una respuesta directa.

P.: ¿Cambió la clientela en estos 26 años?

M.A.:
El público fue mutando. Al principio trabajaba con clientes de 20 años a los 25 o 30 como mucho; hoy vienen chicos desde 14 años a ponerse un piercing o a hacerse un tatuaje chiquitito. Pero también se acercan personas de 80 años. El empresario o el de clase alta también le perdió el miedo. Trabajas con todos los niveles sociales y eso es lo que te mantiene con los pies sobre la tierra. El ida y vuelta en la silla mientras el tipo se tatúa te muestra la realidad y hace que no te alejes.

P.: ¿Qué te piden los políticos o los empresarios cuando se sientan en tu silla?

M.A.:
No buscan nada en particular, es algo muy personal. Nosotros asesoramos en la técnica, pero el diseño lo elige cada uno. Por lo general públicamente están en camisa y corbata, entonces el tatuaje no es algo tan visible. Buscan colocárselos en zonas que no estén tan expuestas.

P.: ¿Repercutió en el negocio los vaivenes de la economía nacional?

M.A.:
Muchísimo. Lo nuestro no es de primera necesidad, es lujo en cierta manera, entonces la gente puede prescindir y los cambios económicos influyeron en el negocio los últimos años. Cuando tenés una organización tan grande, cuando merma el trabajo lo sentís. Entonces te conviene quedarte con una pequeña empresa y no generar un gran crecimiento porque después lo tenés que sostener. Es complejo, tenés que saber cómo pararte frente a la coyuntura que te tira un país que cambia las reglas todos los meses.

P.: ¿Y con los insumos tienen problemas?

M.A.:
Con la importación está complicadísimo, muy trabado. Además, todo lo que sean agujas y ese tipo de insumos lo tiene que aprobar el ANMAT. Antes todo lo que era importaciones me encargaba de forma directa, lo traía yo. Pero me desligué del tema porque es un dolor de cabeza. Ahora me manejo con proveedores.

P.: ¿Pensaste en abrir franquicias?

M.A.: Se me cruzó por la cabeza, pero perdés un poco la identidad, te convertís en una fábrica de hacer chorizos. Tuve muchas propuestas porque mi negocio genera buena rentabilidad. Es complicado porque tenés que conseguir mano de obra calificada, hay que estar arriba de la franquicia. No es tan sencillo como decir la vendo y me desligo del tema. Siempre va a estar en juego tu nombre.

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