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“Si digo que es mi retiro, sería trampear al público”
Guarany: «El Luna Park es un lugar que requiere tener una convocatoria enorme. Yo hace 60 años que canto y obviamente la popularidad va decreciendo; acepté con la condición de que sea mi despedida de ese escenario».
Periodista: ¿Realmente será su última vez en el Luna?
Horacio Guarany: ¡Mi amigo! En mi vida he aprendido a mentir y he sido un gran mentiroso. Pero mentir en esto sería una boludez. Si hay alguien a quien no trampeo es al público. Si usted me conociera bien no me haría esa pregunta. Aunque vale una aclaración: yo no estoy diciendo que me retiro sino que será mi última vez ahí. El Luna Park es un lugar muy grande para el que se requiere tener una convocatoria enorme. Yo he tenido la suerte de cantar muchas veces ahí y sé de lo que hablo. Pero hace 60 años que yo canto y, obviamente, la popularidad va decreciendo con el tiempo. Cuestión que unos empresarios me convencieron de hacerlo, y acepté con la condición de que fuera mi despedida de ese escenario; siendo así, a lo mejor podemos arrimar un poco más de gente.
P.: Hace pocos días se anunció su presencia en el ciclo «Argentinísima» de Julio Márbiz en el teatro Broadway, pero finalmente no estuvo. ¿Qué ocurrió?
H.G.: Yo soy amigo de Julio desde hace un montón de años. Fíjese que lo conocí buscando animador en los comienzos de Cosquín. Cuando me habló para estar en los festejos de «Argentinísima», le dije que sí porque es mi amigo y siempre quiero apoyarlo. De cualquier modo, era más una presencia simbólica, o a lo sumo cantaría una o dos canciones, porque tengo mi Luna Park y no sería ético tener otra actuación tan cerca. Pero ocurrió que en ese fin de semana, falleció mi suegra, que estaba enferma desde hace tiempo, y no pude ir; no estaba en condiciones de actuar. Me dijeron que Julio se enojó conmigo por eso, pero bueno, ya le explicaré y sé que va a entenderme.
P.: Ya que menciona a Cosquín, ¿le gusta la metamorfosis que ha sido teniendo el festival a través de los años?
H.G.: Nada es lo mismo cuando pasa el tiempo; y todas las cosas van sufriendo transformaciones positivas y negativas. Aquel primer festival de los años sesenta estuvo signado por el asombro. Cosquín era un pueblito al que nadie quería ir por miedo a la tuberculosis; era sólo un pueblo de paso porque ahí estaba el hospital para esos enfermos. A partir de la inquietud de los médicos, a los que no les gustaba ese estigma, alguien me convocó para asesorar en un primer festival. Y así se hizo. El pueblo participó, la gente se empezó a quedar, las provincias mandaron sus delegaciones. Naturalmente, esa sorpresa y ese asombro iniciales se fueron perdiendo; se fue haciendo costumbre. Cosquín ha cambiado mucho, por supuesto. Ahora todo está más determinado por el dinero y por el negocio (cosa que no comparto) y se fue perdiendo aquel impacto y aquella frescura. Y claro, todo tiene su contraparte, porque ahora es un festival enorme, conocido en todas partes, que moviliza miles y miles de personas.
P.: ¿Pensó un repertorio especial para el Luna Park siendo su última actuación allí?
H.G.: Yo nunca preparo nada cuando voy a cantar. Con sesenta años de actuación tengo repertorio para cinco Luna Park. Puede llegar a haber una canción de arranque, pero el resto va saliendo, como si estuviéramos en la casa de un amigo. Para mí es como en el amor, en el que uno está siempre improvisando. Nunca ensayé para tocar ni para grabar; siempre grabé todo en primera toma.
P.: ¿Cuando compone también va construyendo improvisadamente?
H.G.: Mire, le voy a contar dos anécdotas que ya he contado alguna vez. Hace años, la editorial Lagos me convocó para ponerle música a un poema de Neruda. Se llamaba «Me peina el viento los cabellos». Me iban pasando la poesía por teléfono y a medida que me la leían, yo le iba poniendo música; y es la que quedó. Otra vez, fue César Isella que me llamó porque tenía una melodía y quería que yo le pusiera la letra. Lo mismo. Me la iba tatareando y, simultáneamente, yo iba diciéndole los versos. Es una zamba que se llama «Padre del carnaval». Yo no soy creyente así que no creo que haya sido Dios el que me dio ese don; capaz que haya sido el diablo.
Entrevista de R.S.


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