7 de octubre 2010 - 15:26

“Si Madrid me emociona, Barcelona me conmociona”

“He sido modelo, soy actriz y desde hace un par de años cantante, pero por sobre todas las cosas una viajera empedernida”, explica Carolina Peleritti.
“He sido modelo, soy actriz y desde hace un par de años cantante, pero por sobre todas las cosas una viajera empedernida”, explica Carolina Peleritti.
Termina de encarnar a la inspectora Mendoza en la telenovela «Malparida» y se está yendo a España a hacer de fotógrafa en la película «Fuera de juego». Desde que decidió dejar las pasarelas, Carolina Peleritti intensificó su carrera de actriz, y últimamente cantante, haciendo teatro, cine y televisión. Tiene pasión de viajera, tanto por trabajo como por placer, y nos contó de los lugares que ha conocido y que quiere conocer.

Periodista: ¿Te estás yendo a filmar a España?

Carolina Peleritti: Y estoy muy contenta porque España me vuelve loca. Madrid me emociona y Barcelona me conmociona, por todo lo que viví en esos lados a los 16 años.

P.: ¿Es cierto que te escapaste a España para ser modelo?

C.P.: No me escapé, mi carrera ya había comenzado. Fuimos con Elizabeth Márquez a hacer desfiles. Yo ya estaba trabajando con Pancho (Dotto). Lo que pasó es que en Buenos Aires no salía, era muy sobreprotegida, y mis padres me dieron permiso para que fuera a trabajar a España. Y allá se me soltó la cadena (ríe). Iba a trabajar como modelo pero me encontré en medio de la movida madrileña. Viví dos meses en Madrid y dos en Barcelona. Estaba enamorada de un modelo que después fue mi novio durante 4 años. Sentía que tenía 25 años, y tenía 16. Eliza-beth trabajaba cada vez más, y yo cada vez menos. Creo que un ángel guardián me cuidaba. Como no volvía, mi madre me fue a buscar. Cuando volví hice la campaña de Motor Oil, y tuve una vorágine de trabajo, no paraba de hacer desfiles de alta costura.

P.: ¿Y viajes?

C.P.: Después de la aventura española, mi madre no tenía ganas de que volviera a viajar. Recién lo hice 3 años después, cuando vino Oscar de la Renta y desfilé para él. Después me llevó con Mariana Arias a que pasáramos su colección en Nueva York. Y de ahí fuimos a París. Pero siempre me ha costado el desarraigo. Soy muy emocional y no me banco la distancia. Además acá me iba muy bien. Entré en el momento de las «súpermodelos», cuando comenzaron a ser personajes públicos Valeria Mazza y Araceli González. Una camada muy fuerte, donde mi estilo particular, mi cuerpo un poco distinto, me dio un espacio singular. Tenía tanto para hacer que no me tentaba irme a trabajar afuera.

P.: ¿Los viajes de trabajo los tomabas como vacaciones?

C.P.: Como experiencias de vida. Los viajes son para nutrirse, descubrir, conocer. Trabajaba mucho y usaba bien el dinero: me lo gastaba viajando. Siempre me interesó lo que tenía que ver con el descanso, o con el crecimiento artístico. Iba muchas veces sola a una playa del norte de Brasil. A ver obras de teatro en Londres. A los 18 años había empezado a estudiar teatro con Norman Briski y después con Julio Chávez. Iba a Nueva York a ver obras en Broadway y a los museos. Me iba a disfrutar a Grecia. Y hay lugares para ir en pareja, como el paraíso de la Polinesia.

P.: ¿Hay un viaje que te adeudás?

C.P.: No conozco Italia. Mi padre y mis abuelos son de Sicilia, de Montalvano. Si no he ido, después de haber andado tanto, por algo será, ya llegaré. También me debo ir subiendo por Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, Honduras, para conocer las culturas ancestrales. Eso tiene que ver con una maduración personal sobre el territorio de donde somos.

P.: ¿Qué te pasa con la Argentina?

C.P.: Que cuando la recorro siento que echo raíces, que podría despojarme de la vida que llevo para afincarme en otro lugar. El norte me conmueve. He participado los dos últimos eneros del Tantanakuy, un encuentro de música, artes, de las culturas originarias en Humahuaca, que organiza Jaime Torres. Si bien he andado por Salta y Jujuy, esos encuentros generan un vínculo más fuerte. Emociones así también las tengo en la Patagonia. Voy bastante a Meliquina, a 40 kilómetros de San Martín de los Andes, en el Camino de los 7 lagos. Resulta que había decidido irme una semana a Chapelco y al bajar del avión pierdo mi billetera, lo único que tenía era la ropa y el pasaje de vuelta. Una familia con la que había ido charlando me ofrece quedarme en su casa. Así descubrí el pueblito de Meliquina, donde no hay luz, no hay gas, no hay nada, pero no necesitas nada, te abrazas a lo cíclico de la naturaleza, que te da todo.

P.: Se te hace más urbana.

C.P.: Vivo en Pilar, a 40 kilómetros de Buenos Aires. Hace 15 años que estoy fuera de la Capital, y me iría más lejos aún. Me gusta la cantidad de cosas que te ofrece la ciudad, pero siempre valoré la naturaleza. Por eso me atraen esos lugares plenos de pureza, de encanto que tiene la Argentina por todas partes. Si vemos que no dejan de crecer los turistas que nos visitan es porque tenemos un país de extraordinaria belleza.

Entrevista de Máximo Soto

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