Maduro dijo el lunes que de regreso de su "exitosa" participación en Panamá hizo una parada en La Habana, donde habló por horas y escuchó reflexiones de Fidel Castro.
"Estamos venciendo ante el imperialismo sin disparar una bala, sólo con las palabras, las ideas", afirmó el gobernante, quien cumple esta semana dos años en el poder, y, arropado con la bandera del socialismo, advirtió que radicalizará la revolución bolivariana si los empresarios siguen con su "guerra económica" para desabastecer los mercados y golpear al Gobierno. A los controles de precios y de cambio, Maduro alertó que podría agregar cárcel para los comerciantes que no demuestren qué hicieron con los dólares entregados para las importaciones. En tanto, el desabastecimiento continúa.
En Panamá, el gobernante dijo que llevaba dos años buscando una reunión con su par estadounidense Barack Obama y el lunes atribuyó el desdén del jefe de la Casa Blanca por sus llamados a un apretón de manos a los "asesores de Obama, quienes lo engañan".
Aunque reclamó un triunfo sobre la estrategia imperial, después de que la Casa Blanca aprobara sanciones contra siete funcionarios venezolanos, Maduro tuvo una semana que evidenció la debilidad del proyecto bolivariano, que tuvo su auge con Hugo Chávez en vida y el barril de petróleo rozando los cien dólares.
Antes de aterrizar en Panamá, Obama realizó un vuelo por el Caribe para proponer a sus líderes una posible alternativa energética, previendo que la crisis económica de Venezuela reducirá los aportes petroleros y financieros de Caracas en la alianza de Petrocaribe.
Antes, los líderes de la Comunidad del Caribe (Caricom) emitieron una declaración de respaldo a Guyana ante al diferendo con Venezuela por el territorio Esequibo, una región de 100.000 kilómetros cuadrados con recursos naturales y por la cual los dos países mantienen una larga disputa.
Guyana, que ha tenido apoyo de Cuba en el diferendo, otorgó concesiones para la exploración petrolera a trasnacionales. La Cancillería venezolana protestó por las labores de exploración petrolera, pero en lugar de presentar un reclamo directo a Guyana, fustigó la "injerencia" de la estadounidense Exxon-Mobil en la zona.
Maduro tampoco explicó qué hizo en Panamá con las firmas que dijo haber recolectado para avalar su exigencia de que Obama derogue su decreto del 9 de marzo, que declaró a Venezuela una amenaza a la seguridad estadounidense. Obama hizo pública una declaración en la que descartó que Venezuela fuera una amenaza para su país, pero la Casa Blanca rechazó dar marcha atrás.
La debilidad del modelo bolivariano contrastó con el apoyo que recibió previamente de los bloques regionales, desde la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), hasta la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA) y el Movimiento de No Alineados. En contraparte, bastante ruido hicieron en Panamá varios expresidentes que alertaron sobre las debilidades de la democracia y pidieron libertad de los "presos políticos".
Pero si la Venezuela bolivariana perdió protagonismo externo, en lo interno la situación no es alentadora, ya agravada por la caída del petróleo, del que depende la economía. Venezuela enfrenta otro año de pésimo desempeño económico, con recesión, alta inflación y un barril de crudo a mitad de precio. Además, debe hacer pagos de la deuda por más de 10.000 millones de dólares en 2015.
En una decisión que generó malestar popular, el Gobierno anunció el viernes, durante la estadía de Maduro en Panamá, el recorte de las asignaciones de dólares controlados para viajeros, que de 3.000 pasó a 2.500 dólares y hasta menos, según el destino. Firmas independientes estiman que el ahorro por la medida podría alcanzar a 2.800 millones de dólares este año.
Todo esto conforma un escenario adverso para el oficialismo con miras a las elecciones legislativas de este año.
| Agencia DPA |


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