10 de agosto 2009 - 00:00

Sin ir, Uribe protagoniza cumbre

 Quito (enviado especial) - Rafael Correa y los Kirchner cerraron la semana pasada un acuerdo implícito. El ecuatoriano, que será hoy anfitrión de una nueva cumbre de la UNASUR (evento que coincidirá con la asunción de su segundo mandato), no tendrá que hacer votar la presidencia del bloque, cargo al que se postulaba Néstor Kirchner y que por oposición del uruguayo Tabaré Vázquez (ver nota aparte) no podrá ocupar.

Correa había dejado claro la situación la semana pasada: no quería que un conflicto bilateral (Argentina-Uruguay) empañe su fiesta. Desde Olivos se comprendió en mensaje y sólo Cristina abrazará hoy a su gran aliado regional que comenzará una nueva gestión.

Néstor permanecerá en Olivos, y cualquier intención de volver a postular su candidatura a la UNASUR, algo que realmente el patagónico anhelaba, quedará para una futura oportunidad.

Barack Obama enviará a Quito, según aseguró, a un amigo y colaborador personal: el senador por la Florida, Daniel Graham. Como invitados especiales de Correa participarán la Premio Nobel de la Paz, la guatemalteca Rigoberta Menchú; y la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.

Cuando hoy se inaugure la cumbre de la UNASUR y Correa deba darles la bienvenida a sus visitantes, Álvaro Uribe será el centro de los comentarios, y para mal. La decisión de mantener la instalación de las plantas norteamericanas en territorio colombiano será el centro de las críticas que se escucharán hoy en esta reunión. Para peor, el que introducirá el tema será el brasileño Lula da Silva, una de las figuras habitualmente moderadas de la región, pero que ve en este plan norteamericano en territorio latinoamericano como un verdadero peligro regional.

El Gobierno argentino coincide en esta opinión, pero le agrega, además, cierto temor sobre lo que pueda acontecer a futuro. Los cruces de información entre Cristina de Kirchner y su canciller, Jorge Taiana, sobre la posición que se adoptará hoy terminaron en la necesidad de efectuar una condena pública y fuerte contra las bases norteamericanas. Para la Argentina, se trata de una decisión generada por Colombia y Estados Unidos, que pone a la región en «situación y una zona de beligerancia», concepto que hoy la Presidente repetirá en público. Se menciona internamente que las bases pueden ser una «bomba de tiempo regional»; y que para darle fuerza al rechazo se compararán los conflictos por la disputa del Canal de Beagle entre la Argentina y Chile, y la guerra entre Perú y Ecuador.

Para la Argentina, ésos fueron los dos momentos en la historia reciente de América del Sur, donde conflictos más graves se vivieron, y se considera que las bases norteamericanas podrían provocar una situación similar.

Esto muestra también que la entrevista de Uribe y Cristina de Kirchner de la semana pasada en la Casa de Gobierno resultó negativa para la intención del colombiano de explicar su decisión. Fuentes oficiales aseguraban que el visitante no convenció a la Presidente sobre la conveniencia de aceptar las bases y que la única explicación más o menos lógica que dio ante la jefa de Estado es que Colombia necesita combatir los 500 millones de toneladas de droga que anualmente salen de ese país. Lo contradictorio para los argentinos es que la explicación sobre el destino de los narcóticos es Europa y no Estados Unidos, que son los que instalarán las bases.

Lentamente, algunos países de la región, además de Venezuela y Bolivia, quieren dejar planteadas sus diferencias con la gestión de Obama sobre la región. Además de la decisión de avanzar con las bases en Colombia, la UNASUR planteará hoy, cuando se debata la crisis en Honduras (el segundo tema fuerte de la reunión) la poca voluntad de intervención de Estados Unidos para defender al depuesto Manuel Zelaya. «Hay algo de pena por las altas expectativas que había con la gestión de Obama para la región y la realidad», reflexionaba la alta fuente sobre la posición norteamericana en la región.

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