- ámbito
- Edición Impresa
Sin respuestas
Juan Román Riquelme no tuvo una tarde feliz. Tuvo muchas pelotas paradas, pero no las pudo aprovechar
Volvió a ser el equipo anodino, que lucha más de lo que juega y que para atacar es Riquelme-dependiente a ultranza, y como Román no tuvo una buena tarde, hubo muy pocas situaciones de gol.
El partido fue más de músculo que de cerebro y eso, unido con el calor sofocante de Santa Fe, hizo que los jugadores se cansaran mucho y produjeran poco. Fue un partido de «roce», como les gusta decir a los técnicos para reconocer que fue malo y con mala intención en el juego.
En ese roce el que perdió fue Boca, que debió reemplazar a Rolando Schiavi al término del primer tiempo y a Diego Colazo con una grave lesión (ver aparte) en mitad del segundo.
Hubo más amonestados que situaciones de gol y es lo que pinta la característica de un partido, que mañana ya pasará al olvido, pero que sirve para mantener el invicto de un equipo que cuando no puede ganar, tampoco arriesga por miedo a perder.
En ese sentido, está claro que los jugadores le hicieron caso al técnico, porque el equipo no arriesgó en ningún momento.
Unión tuvo un poco más la pelota que Boca, pero no supo utilizarla y fue inofensivo, haciendo trabajar muy poco a Agustín Orión.
Boca sigue invicto, aunque consiguió su segundo empate sin goles. El otro costó una crisis por reproches cruzados; éste va a pasar al olvido sin consecuencias.

