28 de octubre 2011 - 00:00

Sólidas voces para una “Fedra” criolla

Alejandra Malvino (Fedra) y Haydée Dabusti (Nodriza) en la «Fedra» de Mario Perusso en el Teatro Colón.
Alejandra Malvino (Fedra) y Haydée Dabusti (Nodriza) en la «Fedra» de Mario Perusso en el Teatro Colón.
«Fedra». Música y dirección musical: Mario Perusso. Libreto y puesta en escena: Marcelo Perusso. Orquesta Estable del Teatro Colón. (Teatro Colón, 26 de octubre).

El Teatro Colón cuenta con una larga tradición de dar espacio a las óperas argentinas, desde la «Aurora» de Héctor Panizza en su temporada inaugural hasta «La ciudad ausente» de Gerardo Gandini y «Fuego en Casabindo» de Virtú Maragno, sin olvidar los tres títulos de Alberto Ginastera («Bomarzo», 1972, «Don Rodrigo», 1964, y «Beatrix Cenci», 1992) o las partituras de Carlos López Buchardo («El sueño del alma», 1914) y Constantino Gaito, Pascual de Rogatis, Felipe Boero, por nombrar sólo algunos.

En esta tradición se inscribe «Fedra», de Mario Perusso, comisionada por el Teatro a su compositor residente. En el Colón se habían visto ya tres óperas de este autor: «La voz del silencio» (1969), «Escorial» (1989) y «Guayaquil» (1993). En colaboración con su hijo Marcelo (también responsable de la régie, escenografía y vestuario), Perusso eligió el mito de Fedra, la reina enamorada de Hipólito, fruto de una unión anterior de su esposo Teseo.

Basándose en algunas de las numerosas fuentes de esta tragedia, el libretista traza linealmente el argumento: en ausencia de Teseo, Fedra confiesa su pasión a su hijastro, que a su vez ama a Aricia, de la tribu rival de su padre. Al regresar su esposo, Fedra acusa a Hipólito de haberla forzado y Teseo dispone en consecuencia la muerte del joven inocente, tras lo cual la reina se sui

Para referirse al texto de Marcelo Perusso es menester subrayar la dificultad de dar vida a un mito nacido en la Grecia antigua en una obra destinada a un público contemporáneo local: si la «llanura» y ausencia de imágenes de ciertos pasajes pueden resultar chocantes, es verdad que un lenguaje más poblado de metáforas y con un mayor vuelo poético podría haber sido tildado de «pretencioso». Sea como fuere, el libreto sirve al compositor para desplegar su técnica de construcción en torno al Leitmotiv, un lenguaje que transita un amplio espectro de estilos, una riqueza orquestal muy trabajada y una escritura vocal árida, acorde con la sordidez del drama que se vive.

La labor de Mario Perusso comprendió también una excelente guía de la Orquesta Estable y un muy buen balance con la escena. El impecable elenco de cantantes argentinos jerarquiza este estreno mundial, comenzando por la descomunal Fedra de Alejandra Malvino y el magnífico Hipólito de Marcelo Puente, que asumen estos dificilísimos papeles como si hubieran estado toda la vida en sus repertorios. No menos solventes son Daniela Tabernig -en su breve pero comprometido papel de Aricia-, Haydée Dabusti -descollante como la Nodriza- y Leonardo Estévez como Teseo.

Florencia Machado (Selene), Alicia Alduncin (Hécate) y Gustavo Feulien (Terámenes) completan con altura y solidez el cuadro. La coreografía de Guillermina Tarsi, la iluminación de Rubén Conde y las proyecciones de Natalio Ríos son importantes puntos de apoyo para las ideas del libretista y régisseur.

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