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Sólo quedan a mano malas soluciones
Sin embargo, Turquía es reacia a una intervención directa en Siria, al igual que los otros miembros del llamado Grupo de Amigos de Siria.
Y es que según los expertos, la situación se ha vuelto tan compleja que ya sólo quedan malas soluciones, por las que ningún político quiere arriesgar su carrera. También Galion parece atribulado cuando habla de una «batalla por la liberación» en caso de que los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU no concreten en el mediano plazo una operación militar.
El presidente estadounidense, Barack Obama, sigue apostando, al parecer, a la «solución yemení», mediante la cual el presidente sirio, Bashar al Asad, pasaría por un tiempo de transición el poder a un funcionario de su régimen. Sin embargo, esta idea es para el movimiento de protesta sirio una mera fantasía. «Al principio podría haber sido posible, pero ahora ya corrió demasiada sangre», dijo un opositor que huyó el año pasado a Turquía.
Los Gobiernos occidentales no tienen hasta ahora oficialmente otra estrategia que el plan de paz de Kofi Annan, que según la oposición «se convirtió en una pantalla para las atrocidades del régimen». Quizás algunos de ellos esperan secretamente que se produzca un golpe de Estado en Damasco. Pero en un país lleno de espías como Siria, se trata de una maniobra demasiado arriesgada.
Los observadores militares de la ONU permanecerán en Siria hasta el 22 de julio. Por ahora no hay ningún mecanismo para hacer un balance antes de esa fecha y decidir si eventualmente serían necesarias otras medidas.
Es así como para los opositores a Al Asad sólo quedan los países del Golfo gobernados por monarcas sunitas con un mayor o menor perfil islámico. Estos regímenes poco democráticos ofrecen dinero, armas y apoyo político.
Si bien la mayoría de la población siria, y con ella también la oposición, forma parte de la rama sunita del islam, muchos opositores temen a las consecuencias de una ayuda del Golfo. Afganistán e Irak, dos países que se convirtieron en punto de reunión de yihadistas de todo el mundo árabe dispuestos a luchar, son para ellos dos ejemplos que dan miedo.
«Un rearme arbitrario, que suceda sin orden y sin control político, no es lo que queremos», dice el vicepresidente de la Hermandad Musulmana siria, Mohamed Faruk Taifur, miembro del comité ejecutivo del SNC. Sin embargo, ¿pregunta aún alguien lo que quiere este consejo nacional, que es cada vez más criticado por los Comités de Coordinación Local de la Revolución Siria y los combatientes sobre el terreno?
«Ya tenemos varios territorios bajo control en el norte», explica un joven que acaba de llegar a Siria procedente de Turquía. No aclara quiénes son «nosotros».
El lunes -tres días después de la masacre de los niños de Hula-, seis expertos religiosos de Arabia Saudita hicieron un llamado a hacer donaciones. En su pedido para los «hermanos musulmanes» no se habla de la compra de armas, pero no queda tampoco claro en qué se empleará el dinero. En un foro de internet de opositores sirios al régimen se afirma: «Vamos a atacar de inmediato transportes de tropas y barricadas. Todos los civiles deberían mantenerse alejados de esos objetivos».
Galion sabe que no puede detener la radicalización en su país. Cansado y serio, se sienta solo detrás de una pequeña mesa en un hotel de Estambul para leer una declaración ante la prensa. «¿No podrían haber izado al menos una bandera siria?», refunfuña. Los otros miembros del SNC alzan los hombros sin respuesta.
Agencia DPA

