El joven Ingmar Bergman junto a Erland Josephson y Liv Ullman en su legendaria casa de la Isla de Faro, que corre peligro de ser vendida al mejor postor, por lo que la Fundación que lleva su nombre lanzó un llamado a Hollywood.
Estocolmo - La Fundación Bergman quiere que las estrellas de Hollywood salven la legendaria casa de Ingmar Bergman en la isla báltica de Faro dos años después de su muerte.
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Para ello, la organización publicó un anuncio en la revista especializada «Variety» en el que pide un comprador del otro lado del Atlántico para la casa «Hammars»: «¿Quiere usted poseer el hogar de Bergman?», dice el aviso. Hasta agosto las ofertas se pueden presentar en la casa de subastas Christie's de Londres.
La decisión implica un alto grado de esperanza, porque lo que los nuevos dueños hagan con la casa será decisión de ellos. El creador de clásicos como «El séptimo sello», «Escenas de la vida conyugal», «Gritos y susurros» o «Fanny y Alexander», entre muchos otros, coronado en Cannes en 1997 como el «mejor director de todos los tiempos», estableció en su testamento, en su personal estilo, que la residencia, famosa para todos los amantes del cine del mundo, fuese «vendida al mejor postor». Nada más.
Bergman, que murió en Faro en 2007 a los 89 años, rodó allí películas desde los años 60, veía films en un antiguo granero reconvertido en sala de cine y escribió hasta su fallecimiento. Nadie cree sin embargo que el director, siempre tan seguro de sí mismo, quisiese que sus nueve hijos se repartieran Faro y que le diese igual su futuro. En Estocolmo creen que con su testamento pretendía que el gobierno sueco invirtiera bastante dinero para convertir el lugar en parte en un museo y en parte en un centro para artistas en actividad.
Pero la ministra de Cultura, Lena Adelsohn-Liljeroth, se opuso al testamento entre otras cosas por esas exigencias. «Está claro que tenemos que ceñirnos al último deseo de Bergman», dijo el director de la Fundación Bergman, el ex primer ministro Ingvar Carlsson, que afirma haber encontrado ya varios interesados.
Pero en el periódico «Dagens Nyheter» de ayer, conocidos actores y amigos de Bergman como Erland Josephson y Harriet Andersson expresaron sus temores sobre el futuro de la propiedad. «Pensamos que ningún sueco se atreverá a comprar 'Hammars'. Toda persona en el país sentiría que es una profanación convertirla en una residencia privada».
Quienes escribieron al diario creen que eso no es nada seguro si los compradores son actores o productores de Hollywood. Josephson, Andersson y otros acusan a su gobierno de poner en juego una de las instituciones culturales más importantes del país. «Enrojecemos de vergüenza ante la visión cortoplacista y la enorme torpeza de los políticos suecos».
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