6 de agosto 2010 - 00:00

“Soy huao”: muy buen documental

«Soy huao» (Arg., 2009, habl. en huao y esp.). Guión y dir.: J. Baldana. Documental (Malba, sábados y domingos). 

Jorge Preloran recordaba el rodaje de su película «Los guarao» como «una estadía de varios meses en el paraíso, fuera del mundo». Aquello era el Delta del Orinoco en 1975, y los guarao eran todavía gente pura, en paulatina y controlada adaptación con ese mundo que ya se les empezaba a meter. No les pasó lo mismo a los urueus, la última tribu nómade hallada en Brasil en 1981. El salto fue tan grande, desde la Edad de Piedra en que vivían, que cuando Werner Herzog los filmó en 2002 ya casi todos habían muerto de gripe y varicela, las nuevas generaciones sólo hablaban portugués, y apenas quedaban dos viejos indios dispuestos a testimoniar cómo mataron a flechazos a los primeros blancos que asomaron sus narices por entre los matorrales.

Sentimientos similares habrá tenido Juan Baldana cuando fue a pasar un tiempo entre los huao, o huaronis, del Amazonas ecuatoriano. Una gente tranquila, familiera, de buen carácter, sin traumas ni psicopatías a la vista, que disfrutan en sus hamacas, sólo matan algunos animales para comer, y aman la música sin altoparlantes. Pero que deben luchar seriamente contra las empresas petroleras que desmontan sus tierras. Ya no pelean con armas, como cuando los caucheros llegaban para cazarlos y venderlos como esclavos, o cuando en 1987 fue un obispo, monseñor Larana, con una monja, y les dejaron 220 lanzas clavadas por todas partes. Ahora luchan con sellos, papeles y manifestaciones, ya que el Gobierno les ha reconocido 600.000 hectáreas (otras 100.000 iniciales pasaron a concesiones petroleras) y el manejo del Parque Nacional Yasuní, por donde Petrobras pretendió hacer una carretera.

Pero la película no pone el acento en esto, que ya sale en los diarios, sino en la vida cotidiana de los huao, como ellos se definen (antes se los llamaba aucas). Una vida registrada con respeto y cordial complicidad, que nos hace soñar un poco, y es probable que incluso algún afortunado sueñe también con los tiempos en que de chico iba descalzo a la escuela pisando los charcos, como los indiecitos de este documental. Así los vemos cazando con cerbatana y escopeta, cocinando cola de lagarto a las brasas y en la cocina a gas, en pleno contacto con la naturaleza y lavándose los dientes con dentífrico después de cada comida (por razones de buen gusto no detallaremos el menú, que incluye ratas de campo y otros entremeses), internándose en los montes en busca de manjares asquerosos para nosotros y recibiendo la avioneta con productos hogareños, medio desnudos y con remeras de toda clase camino a la escuela, cuidando a sus niños o dejándolos que se hagan fuertes, y, eso sí, casi siempre de buen humor.

No parece afectarlos mucho la famosa trasculturación. Pero saben, y el espectador también lo advierte, que esos buenos tiempos son los últimos buenos tiempos que han de vivir. El futuro es frágil e indiscernible para ellos. Pequeña información, bastante curiosa, Baldana ha sido autor de viodeclips, creativo de Torneos y Competencias, productor de Fox Sports, director de publicidad para varias agencias, realizador de un largo de acción donde los personajes se peleaban a muerte con cuchillas y motosierras, y autor también de esta obra que ahora vemos, y se agradece. El también parece estar en una etapa de adaptación, trasculturación, o como quiera decirse.

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