• Según el titular del organismo, hay personas «más papistas que el Papa». • Comienza asamblea
Con críticas, Dominique Strauss-Kahn recibe hoy en la Asamblea de Primavera del FMI a los directores del Fondo.
«Admito que estoy sorprendido porque en el directorio del Fondo existen personas que son más papistas que el Papa, tomando posiciones fundamentalistas», dijo Dominique Strauss-Kahn ayer, durante el primer contacto que tuvo con la prensa desde que comenzó la Asamblea de Primavera del FMI. «¿Por qué ocurre esto?», se cuestionó. «Durante décadas esta institución dijo que los controles de capitales son como el diablo. No queremos esto. Estamos peleando contra esto». Actualmente, el Fondo admite cierto tipo de controles de capitales cuando en el pasado se oponía enfáticamente.
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El tema de permitir controles a los capitales quizás por ser un cambio de política tan drástico genera más de una controversia. En efecto, durante la reunión de los países del G-24, la Argentina avaló la soberanía de los países de establecer controles de capitales, como asimismo insistió en promover la utilización de los Derechos Especiales de Giro (SDR) y avanzar en incorporar otras monedas de países emergentes, posición que también respalda Francia en desacuerdo con otros países de la Unión Europea.
En concreto, el comunicado del G-24 refleja estas posiciones que la Argentina viene sosteniendo en las reuniones del G-20. En el punto 8 del comunicado se consigna respecto de los controles a los capitales que «el FMI debe tener una mente abierta». Pero fueron más allá al decir que no van a permitir que el Fondo ahora introduzca criterios de libertad en el manejo de control de capitales como una condicionalidad. «No sea cuestión dijo que ahora la condicionalidad pase a ser que establezcamos controles sí o sí», dijo Lesetja Kganyago, director general del Tesoro de Sudáfrica.
Como reconocieron en la delegación argentina, los países deberían aprovechar más la impronta de Strauss-Kahn ya que se están llevando a cabo cambios que hacen posible pensar en un FMI que realmente busque trabajar en conjunto con los países y no imponer recetas únicas. Estos cambios de Strauss-Kahn no obedecen a una motivación personal. En su momento, encargó una encuesta encarada fundamentalmente en los países donde el FMI tiene peor imagen, para que consigne las quejas y las recomendaciones sugeridas. Sostienen en los pasillos del organismo que muchos de los cambios se basan en este informe reservado.
Este cambio en el pensamiento no es el único. Otra de las medidas sugeridas por el Fondo era flexibilizar las normas laborales. Exigencia que, en su momento, provocó que un vicepresidente, Chacho Álvarez, renunciara a su cargo y el entonces no tan poderoso Hugo Moyano denunciara que el Gobierno radical disponía de una «Banelco» para influir en los legisladores para que voten positivamente la reforma a la ley laboral, desatando uno de los escándalos que precipitó la caída del Gobierno de Fernando de la Rúa.
Los vientos de cambio parecen más impulsados por la impronta personal de Dominique Strauss-Kahn que por el apoyo de los países miembros que ejercen la hegemonía en el organismo, como los Estados Unidos, que cuenta con el 17% de los votos y el resto de las naciones europeas junto con Japón. Strauss-Kahn puede llegar a ser el presidente de Francia, en el próximo período.
Ayer, el titular del Fondo volvió a admitir que no existe una receta única para crear empleos, echando por tierra años de prédica del FMI respecto de que la única manera de garantizar la creación de empleo es contar con leyes laborales muy flexibles. Es más, el director del FMI indicó: «Estoy un poco molesto sobre el tradicional conflicto entre la disyuntiva entre leyes laborales rígidas versus flexibles. Hay políticas que funcionan y otras que no», y no dudó en enfatizar algo que para Cristina de Kirchner debe sonar como música para sus oídos: que las políticas para generar empleo deben ser «hechas a medida del país». Finalmente, sobre este tema sostuvo que «debemos dejar atrás el sueño que con el crecimiento es suficiente para crear empleos».
Este cambio de discurso que, como el propio Strauss-Kahn reconoció, no siempre es acompañado por los miembros del directorio, tiene una explicación: el fracaso de las recomendaciones del FMI, que se materializó en numerosos países; pero lo que es peor aún, el fracaso del organismo al no prevenir la crisis financiera. Hoy, el éxito de los mercados emergentes lleva a que en los discursos, al menos por ahora, se reemplacen recomendaciones tradicionales como ajustes fiscales a rajatabla por «medidas macroprudenciales». Vientos de cambio que por ahora empuja Dominique Strauss-Kahn con la resistencia incluso del propio staff.
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