8 de octubre 2009 - 00:00

Suricatas humanizadas y con más de un enemigo

Un trabajo documental exhaustivo con las suricatas del desierto de Kalahari, aunque difícilmente una historia que alegre a los chicos.
Un trabajo documental exhaustivo con las suricatas del desierto de Kalahari, aunque difícilmente una historia que alegre a los chicos.
«La familia suricata» («The Meerkats», Gran Bretaña, 2008; dobl. al esp.). Dir.: James Honeyborne. Voz en esp.: Pancho Ibáñez.

Como Mickey y los parques de Orlando, las suricatas son un invento de Disney. Antes de la aparición triunfal del simpático Timón en «El rey león» (1994), estos animalitos hasta entonces ignotos vivían resignados a su destino de mangostas feliformes de la familia de las Herpestidae a los que ni siquiera un apellido les habían dado los zoólogos: los llamaban «Suricata suricatta», a secas, sin mayor ternura ni música de Elton John, como en la película. Pero la gloria de Timón cambió todo: las suricatas irrumpieron en la televisión, en el cine, en la publicidad y en los zoológicos, inclusive en el de Buenos Aires, donde hace varios años poseen su jaula vip.

El film que vemos ahora es otra consecuencia más de la reconsideración mundial de la que goza esta especie desde que Disney dirigió los ojos del mundo hacia ella. Tomando como modelo «La marcha de los pingüinos», «La familia suricata» se propone examinar su hábitat y condiciones de vida en uno de las zonas del planeta donde más proliferan: el desierto africano de Kalahari (lugar de varias resonancias cinematográficas). El trabajo de James Honeyborne revela una producción seria, una documentación exhaustiva y agotadoras jornadas de cámara para dar con la escena justa y buscada por el guión. Los standards técnicos son irreprochables y el relato fluido. Sin embargo...

El mayor problema de este film tampoco le es ajeno a cierto espíritu perverso propio de la fantasía Disney (aclaremos: la producción no es de este sello sino de la BBC y de la Weinstein Company): la humanización del reino animal en películas documentales. Si un adulto ve un film de «Animal Planet» sobre predadores, sabe de antemano con qué se va a encontrar. La naturaleza, en términos humanos, es cruel.

En cambio, «La familia suricata», que está destinada fundamentalmente a los chicos, logra que éstos se encariñen con el adorable protagonista Kolo y su familia, y cuando ese vínculo se ha obtenido los expone de golpe, sin filtros, a la escena en la que un águila real caza a su hermanito y lo arrastra en lo alto hasta su nido para que sus pichones lo devoren. La película, en la profesional voz de Pancho Ibáñez, lo explica: esa es la ley del reino animal. De acuerdo, en el reino animal lo es, pero lo que se está viendo es un reino animal humanizado, por lo tanto, la única ley que rige es la ley del sadismo.

Suele decirse que los chicos están expuestos a todo tipo de violencia en el cine que ven hoy día. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: a los chicos en general no les afectan demasiado las escenas duras, a veces extremadamente duras, de films como «Narnia» o «El hombre araña», porque saben que es ficción. La muerte del hermanito de Kolo los angustia mucho más porque saben que es cierta.

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