8 de octubre 2009 - 00:00

Sutiles viñetas de pueblo chico

La misteriosa anciana alemana de «El último mandado», sencillo e inteligente primer estreno comercial de Favio Junco y Julio Midú, creadores del ya famoso Cine con Vecinos de Saladillo.
La misteriosa anciana alemana de «El último mandado», sencillo e inteligente primer estreno comercial de Favio Junco y Julio Midú, creadores del ya famoso Cine con Vecinos de Saladillo.
«El último mandado» (Arg., 2008, habl. en esp.). Dir.: F. Junco, J. Midú. Guión: F. Junco. Int.: E. Wolf, L. Midú, C. Drive, S. Mieres, A. Salinardi, G. Gigliani, D. Rosenberg.

Una ciudad chica, dos solitarios malquistados con sus familias, un secreto. Primero vemos al chico que se gana las monedas haciendo mandados en bicicleta, va forzado a la escuela, y soporta el continuo malhumor de la madre, que intenta «rehacer su vida» mientras le encaja los hermanitos al chico para que los cuide. Luego, la anciana también malhumorada, que pasea en una vieja camioneta y soporta una doméstica respondona, los llamados de algún sobrino interesado en vender la casa, y el asedio de una periodista alemana. La vieja es alemana. Gruñe en alemán, canturrea canciones del Tercer Reich. Alguna vez ella y su padre también debieron «rehacer su vida».

Procurando enmendar un pequeño acto de vandalismo de sus compañeros, el pibe empieza a hacerle los mandados. Un día la profesora le ordena hacer una investigación sobre la II Guerra Mundial. Él ni sabe quién era Hitler, y la vieja, justamente ella, va a ayudarlo. A su manera y desde su punto de vista, claro. El resultado no es una comedia, ni un drama, sino algo en este caso tal vez más interesante: es la pintura contemplativa, sutil, de una generación que se desvanece, llevándose sus creencias, sus misterios, y otra que no sabe dónde pararse.

Ahí no ayudan la madre, que está en lo suyo, ni la docente, que espera un discurso único, ni la doméstica que se pelea diariamente con la vieja. Sin embargo, son todas buenas personas, de buen corazón. Incluso la vieja. Alguien puede sentirse levemente perturbado, pero los autores le han hecho un retrato piadoso, sin acusaciones ni gravámenes. Ella es lo que es, una vecina vieja, cada día más sola y enclenque, y fue quizá lo que suponemos que fue, pero ya está. El asunto ahora es el chico.

Película sencilla, inteligente, por sobre los dictámenes morales, políticamente correctos, atiende los sentimientos humanos, y los tiempos propios de pueblo chico, aún más, de las afueras de pueblo chico. Se entiende: sus autores son Fabio Junco y Julio Midú, creadores y responsables del ya famoso Cine con Vecinos, de Saladillo, que saben de cerca cómo son las cosas, y tienen buena mano para pintarlas. Aquí además contaron con la dirección de fotografía de Gabriel Perosino, ADF, lo que constituye un beneficio extra. Sumando la música de Mauro Lazzaro, el resultado es bien apreciable.

Éste es el primer estreno comercial de Junco y Midú, pero bien hubieran podido empezar con la anterior «Lo bueno de los otros» (un adolescente intenta ayudar al padre alcohólico), o «Con los pies sobre la tierra», retrato del saladillense Augusto Cicaré, el inventor autodidacta de helicópteros admirado en todo el mundo (subtítulo, «Un genio en el país equivocado»). Gente que vale la pena.

Postdata, para interesados en la cuestión nazi. El personaje de la vieja se llama Hanna Reistch, como la aviadora que en 1934 anduvo por aquí integrando una discutida «misión de planeadores», y en 1945 sobrevoló el fuego ruso para visitar a Hitler en su bunker e instarlo a escapar. La capturaron los norteamericanos, siguió su vida como deportista y piloto de pruebas, y en 1961 visitó la Casa Blanca invitada por John Kennedy. Dicen que allí se reencontró con su ex compañero de aviación Werner von Braun, antiguo SS reconvertido en genio de la Nasa. Pero éstas son otras historias.

P.S.

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