Szuchmacher: el Payró, ahora en clave musical

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Tras la reciente remodelación de su sala, el teatro Payró hará extensiva su actividad al ámbito de la música y abrirá la temporada con un ciclo de conciertos que apuesta a la diversidad. A partir de una idea de Rubén Szuchmacher, y con la curación musical de Miguel de Olaso y Haydée Schvartz, tendrá lugar desde mañana -siempre el segundo y cuarto martes de cada mes, de abril a noviembre- "Músicas del Payró, un flamante programa de 16 conciertos producido por el mencionado teatro Payró y Elkafka espacio teatral.

Participarán destacadas figuras del medio, como Víctor Torres, Víctor Villadangos, Adriana Mastrángelo. Pablo Pollitzer, Walter Ujaldón, Manuel de Olaso, Marisú Pavón y Oriana Favaro, junto a nuevas camadas de cantantes, instrumentistas, compositores y directores.

Mañana, a las 20.30, se presenta "Paisajes, retratos y mujeres" con obras de Joaquín Rodrigo, Manuel Ponce, Antonio Lauro y Leo Brouwer (estreno en la Argentina).

"El espíritu de transversalidad de este ciclo se pone de manifiesto también en los diferentes estilos y épocas que abarcará: desde música del trecento italiano hasta obras de jóvenes compositores argentinos, pasando por Britten, Poulenc, Schumann, Dowland, Gerardo Gandini, Ravi Shankar, Carlo Gesualdo, y muchos más", señala Szuchmacher. El prestigioso director y régisseur asumió la dirección artística del Payró en diciembre del año pasado junto a Paula Travnik y Graciela Schuster (el mismo equipo del ElKafka, su sala del circuito independiente) y Gabriel Cabrera.

"El criterio de este ciclo es abrir una nueva etapa del Payró ligada a lo musical para darle visibilidad a la sala convocando a otros públicos. Al delegarnos la dirección Diego y Luchy Kogan dieron cierre a la etapa de 47 años de gestión iniciada por sus padres [el director, régisseur e iluminador Jaime Kogan, y la actriz, directora y docente Felisa Yeni]. Nos entusiasma este proyecto porque en la ciudad escasean los lugares para hacer música clásica. ¡Habiendo tan buenos instrumentistas en nuestro país!".

Periodista: ¿Algo para destacar dentro del ciclo?

Rubén Szuchmacher:
La programación es sumamente atractiva y de altísima calidad. Desde música profana renacentista, que se disfruta como si fuera un hit bailable, hasta conciertos como el del 11 de agosto en el que participa la Camerata Argentina de Guitarras. Son 16 guitarristas haciendo música argentina y chilena. El 23 de junio se presenta el trío Saratoga de flautas dulces, lo cual es toda una fineza, haciendo obras contemporáneas. Y el 8 de septiembre tendremos un estreno exquisito, con la mezzo Adriana Mastrangelo y el laudista Miguel de Olaso, que son de nivel internacional. Este primer programa es de música acústica. Queremos sacarnos los micrófonos de encima, al menos por ahora. La idea es que el sonido llegue en forma directa porque la sala del Payró es muy noble y tiene buena acústica. Más adelante vamos a incorporar tres o cuatro espectáculos teatrales. Todavía no definimos la programación porque el teatro porteño está muy difícil...

P.: ¿A qué se refiere?

R.S.:
En la ciudad se produjo un fenómeno muy fuerte: la caída del Teatro San Martín, que durante décadas tuvo un valor cultural muy importante y que como institución provocaba reacciones de adhesión y de confrontación. Fue un modelo fijo muy estable que al desaparecer tras esta prolongada remodelación edilicia, hizo que el mundo teatral porteño entrara en la psicosis. Y ante esa falta de referencia ¿dónde quedaron las discusiones estéticas? No están en ningún lado. Hay mucha actividad teatral, pero es una producción no calificada; salvo algunas excepciones.

P.: Usted ha dirigido grandes obras en el San Martín...

R.S.:
Ahí monté "Decadencia", "Enrique IV", "Galileo Galilei"... Hace un tiempo presenté un proyecto para dirigir las tres obras que integran la Orestíada de Esquilo y durante meses me tuvieron que sí que no, hasta que me di cuenta que no estaban en condiciones de producirlo. Es gravísimo que el teatro cierre por reformas y no traslade su actividad a otras salas. Cuando fue el cierre de la Scala de Milán, los italianos construyeron un espacio para no interrumpir la programación musical durante los tres años que iba a durar la reforma y cuando a los catalanes se les quemó el Liceu rápidamente trasladaron la actividad a otros teatros de la ciudad. Lo más grave es que la comunidad teatral reaccionó más cuando el San Martín alquiló sus instalaciones para una fiesta privada que aportó 60 mil dólares, que ante esta devastación y desaparición de la entidad teatro. Es un problemón. Creo que en la ciudad hemos resignado un teatro.

Entrevista de Patricia Espinosa

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