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“Tatuaje”: humor, buena música y un lujoso elenco
Carlos Casella, Marcos Montes y Alfredo Arias (también autor y director) encarnan a Miguel de Molina a diferentes edades, mientras Sandra Guida es Eva Perón, y Alejandra Radano interpreta dos personajes con ribetes cómicos.
El cantante español Miguel de Molina (Málaga 1908, Buenos Aires 1993) fue un artista integral, un pionero del «body art» y un ejemplo de supervivencia y tenacidad creativa. Pocos saben que su vida tuvo más aventuras y complicaciones que las que se atrevió a mostrar Jaime Chávarri en la película «Las cosas del querer».
Dueño de un gran carisma escénico que hacía olvidar sus gestos amanerados, Molina también se destacó como diseñador (su rico vestuario mereció una exposición en Madrid el año pasado) y como empresario (se ocupaba personalmente de la publicidad, del mantenimiento del teatro y de que todo el personal luciera impecable).
Con el ascenso del régimen franquista su buena estrella se apagó y de inmediato fue tildado de «rojo y marica». El inolvidable intérprete de «La bien pagá» pasó a cobrar cifras irrisorias y para evitarse humillaciones más graves optó por cancelar su contrato. Fue peor. Tres matones lo golpearon salvajemente en un descampado dejándolo semimuerto. De allí en más se convirtió en un paria español. Su inmerecido calvario incluyó más de un exilio, forzadas repatriaciones, arrestos domiciliarios en un pueblo ignoto.
Ni siquiera en México pudo actuar en paz debido al feroz boicot del sindicato de artistas (presidido por el cantante Jorge Negrete y su ladero Cantinflas). Tras muchas peripecias Molina pudo volver a residir en la Argentina gracias a la intercesión de Eva Perón.
Estos y muchos otros episodios aparecen en «Tatuaje» transfigurados por la fantasía, el delirio onírico, la evocación caricaturesca y el lenguaje propio del music-hall que le da un particular brillo a esta apasionante historia de vida. El director Alfredo Arias, también a cargo del rol protagónico, compone a un Miguelito Maravillas de humor irresistible. El mismo personaje es compartido por el actor Marcos Montes, quien tiene a su cargo los pasajes más melancólicos (también interpreta algunas canciones) y por Carlos Casella (coreógrafo y ex integrante de «El descueve») que aquí se revela como un exquisito cantante.
Alejandra Radano cuenta con un repertorio a su medida que le permite desplegar su fuerte temperamento aún tratándose de dos personajes con ribetes cómicos: la cantante Conchita Piquer y Malena, una millonaria que según cuenta la leyenda hizo todo lo posible para casarse con Molina sin importarle que fuera homosexual.
Sandra Guida («Eva del Sur») oficia de ícono mudo en las primeras escenas, enfundada en un vaporoso vestido blanco estilo Dior. Pero una vez que su personaje comienza a exponer su propia historia aparece una Eva muy humana y deliciosamente frívola que disfruta como una niña de la ropa y las joyas. Guida pasa del humor al drama sin fisuras mostrando las múltiples y contradictorias facetas de la abanderada de los humildes. Como momia embalsamada resulta hilarante pero nunca ofensiva, porque tiene el desparpajo de un personaje de Copi. A la vez cuesta no emocionarse escuchándola cantar «Balada para mi muerte» o «Preludio para el año 3001» de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer.
La selección musical es bien ecléctica (pocos temas de Molina, varias canciones mexicanas, un par de tangos, algo de David Bowie, Marlene Dietrich, María Elena Walsh y Caetano Veloso) pero funciona muy bien en términos dramáticos.
Con su humor pícaro (nunca chocante), sus descripciones poéticas y sus anécdotas llenas de color, «Tatuaje» es un espectáculo que se disfruta de principio a fin. Se estrenó el año pasado en el Théâtre du Rond-Point de París, en francés, con este elenco de lujo que en breve volverá a Francia para realizar una gira.


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