El pequeño empujoncito que el Gobierno le dio al dólar en los últimos días quita apenas unas pocas gotas de la palangana del atraso cambiario que el propio Gobierno venía estimulando con los dólares de su endeudamiento y los de los especuladores, que aprovecharon la bicicleta financiera estimulada por las altas tasas de interés y la perspectiva de un dólar quieto.
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Aún después de la suba de los últimos días, el índice de tipo de cambio real multilateral que elabora diariamente el Banco Central es ahora un 16 por ciento inferior al del día en que se eliminó el mal llamado cepo, un 30 por ciento más bajo que tras la devaluación de Axel Kicillof en enero de 2014, y apenas un 21 por ciento más alto que el día final de la convertibilidad.
Tomando en cuenta que ese índice refleja el precio relativo de los bienes y servicios de la economía argentina respecto de sus principales socios comerciales, no debe sorprender que la estadística de turismo internacional que difundió esta semana el INDEC muestre que 1.022.000 argentinos salieron al exterior en el primer trimestre del año, lo que representa un aumento del 12,5 por ciento en comparación con igual período del año pasado, que ya había registrado un alza del 27,4 por ciento en relación con el primer trimestre de 2015. Por el contrario, ahora hay menos turismo receptivo que hace dos años. Tampoco debe sorprender que haya mucha gente comprando dólares que consideran baratos. En el último balance cambiario del Banco Central el rubro Formación de Activos Externos del Sector Privado no Financiero (denominación técnica para el atesoramiento de dólares) subió cerca de 5.000 millones de dólares a lo largo del primer trimestre del año.
Es decir que mientras algunos desarman posiciones en dólares para bicicletear con el conocido carry trade, otros hacen lo contrario. Esta aparente paradoja tiene varias explicaciones. Una es la evidente diferencia que hay entre especuladores calificados para operar con instrumentos financieros sofisticados y los ahorristas comunes que eligen entre alternativas básicas. Otra es que, como señala el último informe de Contexto, mientras la tasa de Lebac o de pases viene siendo muy atractiva, a los pequeños ahorristas se les venía ofreciendo tasas muy negativas en términos reales.
Más negativas aún tras el salto inflacionario del primer cuatrimestre. Federico Sturzenegger sigue cosechando críticas porque no logra acomodar la inflación dentro de las metas establecidas. Sin embargo hay quienes opinan que si no fuera por su política monetaria el aumento de precios sería mayor. Es el caso del exviceministro Emmanuel Alvarez Agis, que sostiene que las altas tasas de interés de referencia por parte del Banco Central acotan la inflación, pero no a través del canal del crédito, que tiene muy poca relevancia en la Argentina, ni por los mecanismos de la lógica monetarista. En el informe de su consultora PxQ explica: "Los aumentos de la tasa de interés, lejos de tener un impacto negativo sobre la demanda agregada, inducen ingresos de capitales que aprecian la moneda y con esto reducen la presión de costos sobre la estructura productiva". Y agrega una segunda paradoja alrededor del dólar: "Paradójicamente, hoy el salario real se sienta sobre la bicicleta financiera: la suba de tasas y la consiguiente apreciación cambiaria le pone un techo a la inflación".
Pero el anuncio de que intentará sumar 25.000 millones de dólares de reservas en uno o dos años por parte de Sturzenegger, que comenzó a efectivizarse con el empujoncito de los últimos días, revela que la autoridad monetaria está preocupada por el atraso cambiario y quiere ponerle un piso al dólar. El problema está en que ponerle un piso al dólar conspira contra el objetivo de ponerle un techo a la inflación.
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