24 de julio 2013 - 00:00

Tensión en Brasil por serias fallas en la seguridad de Francisco

El viaje  que Francisco realizó el lunes entre el aeropuerto de Río de Janeiro y el centro de la ciudad deparó escenas como éstas, en las que su auto fue abordado por la gente ante la impotencia de sus custodios. Corrió riesgos.
El viaje que Francisco realizó el lunes entre el aeropuerto de Río de Janeiro y el centro de la ciudad deparó escenas como éstas, en las que su auto fue abordado por la gente ante la impotencia de sus custodios. Corrió riesgos.
Río de Janeiro - La seguridad del papa Francisco durante sus actividades en la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) centró ayer la preocupación de las autoridades brasileñas, que admitieron serias fallas en el operativo del lunes en Río de Janeiro, lo que llevó a replantear el esquema que se utilizará en el resto de su estadía en el país.

La llegada de Francisco a Río en un automóvil que quedó atrapado tres veces durante varios minutos en el tránsito mientras una multitud en delirio intentaba tocar y saludar al Papa generó fuertes cuestionamientos sobre el operativo de seguridad, reflejados ampliamente en la prensa, y la autocrítica de las autoridades brasileñas que reconocieron errores de comunicación entre diferentes organismos y mostraron su preocupación por eso. El incidente demostró falta de coordinación entre la Alcaldía de Río y la Policía Federal.

La cercanía de Francisco con sus fieles -el rasgo más característico de su pontificado- será un reto hoy para los coordinadores de la seguridad papal cuando visite el mayor santuario católico de Brasil, Aparecida, dedicado a la virgen negra patrona del país, donde las fuerzas de seguridad encontraron el domingo un explosivo de fabricación casera (ver página 28).

El alcalde de la ciudad, Antonio Marcio de Siqueira, afirmó que Aparecida está preparada para recibir con seguridad al Sumo Pontífice, al contrario "de la desastrosa" estrategia usada en Río de Janeiro. "Acá estamos en una ciudad pequeña. Tenemos que reconocer que en términos de planificación lo que pasó en Río fue una estrategia desastrosa; la seguridad del Papa estuvo comprometida", dijo a periodistas. "Está todo debidamente preparado con el Ejército y otras fuerzas; no vamos a tener problemas", agregó en medio de la crisis institucional desatada por las graves fallas en la ciudad carioca.

El gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, señaló que "siempre es necesario tener un cuidado especial y un trabajo cuando se espera una gran aglomeración". "Es un evento que podrá reunir a 200 mil personas en una ciudad con menos de 50 mil", dijo.

Unos 5.000 hombres, entre policías y militares, y un grupo de agentes de la Guardia Suiza custodian desde ayer el santuario, ubicado en el interior del estado de San Pablo. "Es posible que ocurran manifestaciones y en ese caso las fuerzas de seguridad estarán preparadas para actuar", indicó el comisario Guilherme de Castro Almeida, coordinador de Grandes Eventos en San Pablo de la Policía Federal.

Sobre el incidente del lunes en Río, el secretario general de la Presidencia, Gilberto Carvalho, afirmó que a partir de este hecho las autoridades se mantendrán más "vigilantes" para garantizar toda la seguridad del Pontífice durante su estancia hasta el 28 de julio.

Ayer el general José Alberto Da Costa Abreu, jefe del área de Defensa de Río, estuvo en la Residencia Asunción, donde permaneció toda la mañana Francisco y se retiró en medio del hermetismo que rodea a los jerarcas militares y de inteligencia responsables de la seguridad de la JMJ.

Pero luego de ese encuentro, se decidió que hoy durante la noche el Papa se desplace en un vehículo cerrado hacia un hospital de Río en vez de hacerlo en el papamóvil como estaba planeado. También podría modificarse el dispositivo de seguridad en la playa de Copacabana y en la favela Varginha .

El especialista en asuntos estratégicos Eurico de Lima Figueireido declaró que el episodio reflejó la incompetencia de los servicios de inteligencia del Gobierno.

"Quienes tienen que dar explicaciones son el Gabinete de Seguridad Institucional de la Presidencia y la Agencia Brasileña de Inteligencia, porque lo que pasó es un manual de lo que no se debe hacer", afirmó.

Desde la comitiva papal, sin embargo, se desdramatizó lo sucedido. El vocero vaticano Federico Lombardi afirmó: "Todo salió bien, nadie fue allí para hacer daño al Papa", clausurando así el debate. Según la Secretaría de Seguridad para Grandes Eventos -dependiente del Ministerio de Defensa- el propio Papa pidió al chofer disminuir la velocidad para saludar a la gente.

Por su parte, el profesor Ignacio Cano, coordinador del Centro de Estudios de Violencia de la Universidad Estadual de Río de Janeiro, declaró que más allá de las medidas que se tomen de aquí en más, Francisco continuará exponiéndose a riesgos. "Está dispuesto a permitir esa proximidad de los fieles y del mismo modo los fieles están ansiosos por tener ese contacto", explicó.

En tanto, miembros de la Fuerza Aérea y de la Policía Federal realizaron ayer nuevos controles en Aparecida, que incluyeron un rastrillaje redoblado en las butacas próximas al altar donde Francisco celebrará la misa para unos 15.000 fieles.

Agencias AFP y ANSA, y Ámbito Financiero

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