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Terminó con buen balance el 7º “Iguazú en concierto”
Entre otros niños y jóvenes virtuosos, tuvieron especial lucimiento la chelista británica Adelaide Harliono, la flautista ucraniana Sofiia Matviienko, y los argentinos Victoria Warzyca (violín) y Tahiel Lucero (piano).
Acaba de concluir la séptima edición de "Iguazú en concierto" y eso permite hacer un buen balance de lo que es un encuentro que ya se ha instalado en la agenda musical argentina pero que sigue conservando mucho de extraordinario.
Se trata, básicamente, de una convocatoria multitudinaria de niños y jóvenes músicos, bailarines y cantantes (unos 700 cada año), solistas o integrantes de orquestas sinfónicas, de cámara o de otros estilos regionales (folkores varios o jazz, por caso), que llegan a la ciudad de Iguazú para ser parte de este proyecto.
La producción y el financiamiento están a cargo de la provincia de Misiones, Fundecua (Fundación para el desarrollo de la cultura y el arte), el CFI (Consejo Federal de Inversiones), el Ministerio de Turismo de la Nación y algunos otros aportes privados e institucionales; todo eso coordinado desde la dirección artística por la incansable gestora y fagotista Andrea Merenzon junto a un grupo de colaboradores. En el transcurso de una semana, todos participan de clases y de ensayos con profesores que llegan especialmente a la Provincia, ofrecen conciertos en diferentes espacios de la ciudad (el Anfiteatro Ramón Ayala, el Centro de Convenciones y los salones de varios hoteles) y concluyen la experiencia con un concierto multitudinario en el mismísimo Parque Nacional, en un escenario imponente en los jardines del hotel Sheraton y con las Cataratas del Iguazú como escenografía natural. Con las complicaciones, como volvió a ocurrir este año, de que el tiempo lluvioso obligó a reformular días y lugares.
En este caso, hubo delegaciones de Trinidad y Tobago, Suiza, Zimbabwe Perú, Ucrania (la flautista Sofiia Matviienko), Francia (Petites Mains Symphoniques), Chile, Paraguay (el grupo de arpas Sonidos de la tierra), Brasil (Orquestra Instituto GPA) y Reino Unido (la chelista y cantante Adelaide Harliono). Y, por supuesto, varios organismos y solistas de nuestro país: Orquesta Maravillas del Mundo de Puerto Iguazú, Coro Infantil Santa Cecilia, Ballet del Instituto Superior de Artes del Colón, el cantante Matías Guiñazú, el pianista Tahiel Lucero, el violinista Leando Hauxwell, Grillos Sinfónicos & CEMU, Coro Juvenil de la Escuela de Niños Cantores de Córdoba "Domingo Zipoli", Orquesta Académica St. Mary's International College, las hermanas Bárbara (piano) y Victoria Warzyca (violín) y el Coro de Niños del teatro Colón.
Todo este alboroto de orígenes, músicas, estilos y niveles de entrenamiento (según algunos profesores, es muy grande la diferencia en su formación entre los participantes de los países centrales y los nuestros, en desarrollo) puede mirarse, también, desde varios lugares. El primero, el más evidente, el que sorprende a todos, es el del virtuosismo. Esta vez ese lugar más destacado le tocó a los premiados: Adelaide Harliono (su hermano, el pianista George Harliono, no pudo llegar porque sufrió un accidente poco antes de la partida), Sofiia Matviienko, y los argentinos Victoria Warzyca y Tahiel Lucero. Niños prodigio, jóvenes brillantes y lucimientos precoces.
Hay un importante segundo aspecto: no es tan común que puedan convivir en un mismo ámbito, compartir músicas locales o internacionalizadas, clásicas o populares, personas que llegan desde muy remotos sitios del mundo, en edades tempranas, con muchas ganas de divertirse. Y todo esto, aún en cierto rigor de disciplina (imprescindible para manejar semejante cantidad de niños y jóvenes), pudo observarse una vez más en los ensayos, en los recreos de los intermedios, en los improvisados "picnics" de las pruebas en el gran anfiteatro central y en las caras sonrientes de los participantes.
Este año, la excusa convocante fue la comedia musical. Por eso, en el concierto de cierre y durante la semana se escucharon canciones correspondientes a "Los miserables", "West Side Story" o "Hello Dolly". Pero el listado fue muy amplio y pudieron convivir Chopin y Gloria Estefan, Chaikovski y Ramón Ayala, Elton John y John Lennon, Vivaldi y Chico Buarque, Paganini y Gardel, entre muchísimos otros autores.
Párrafo especial para la organización en todos sus aspectos que, una vez más, supieron sortear semejante producción con alegría y eficiencia. Elogios especiales para las orquestas de Brasil y Trinidad y Tobago, muy festejadas por el público. Y muy larga vida a esta experiencia que, cada niño o joven que haya pasado por ella jamás olvidará.


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