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Toda Francia celebró los 90 años de Michel Piccoli
Michel Piccoli cumplió ayer 90 años y celebró toda Francia.
Entre esos films pueden citarse "Las cosas de la vida", "El fantasma de la libertad", "Bodas sangrientas", "La gran comilona", "Diario de una camarera", "Belle de jour", "La amante que volvió, "Donde sobra un hombre", "Adiós, Bonaparte", "De tamaño natural", "Salto al vacío", "Habemus Papa", y otras docenas de obras notables, que él supo interpretar. Pierre Chenal, Claude Sautet, Luis Buñuel, Jean Renoir, Alain Resnais, Claude Chabrol, Jean-Pierre Melville, Marco Ferreri, Luis García Berlanga, Costa-Gavras, Jacques Demy, Agnes Varda, Roger Vadim, Yves Boisset, Louis Malle, Marco Bellocchio, Leos Carax, Theo Angelopoulos, Manoel de Oliveira, Nanni Moretti, fueron algunos de sus directores en el cine. Y Peter Brook, Patrice Chereau y otros respetables en el teatro, donde en la temporada 2006-7, con 81 años, supo hacer un impresionante "Rey Lear".
Ayer casi todos los medios franceses le dedicaron sus principales espacios. Muy a punto, acaba de publicarse un libro de conversaciones entre él y Gilles Jacob, "J'ai vécu dans mes rêves" ("He vivido en mis sueños") cargado de confesiones y reflexiones con toda la franqueza que le autorizan la edad y la experiencia. Hijo de una pianista francesa y un violinista italiano, Jacques Daniel Michel Piccoli nació el 27 de diciembre de 1925 para reemplazar a un hermano muerto. A los 20 años, apenas terminada la guerra, ya actuaba en el teatro y era partiquino en una cinta de Christian-Jaque. Bohemio, amigo de Jean-Paul Sartre y Boris Vian, simpatizante de la izquierda pero no del estalinismo, fue creciendo de a poco. Su primer papel de prestigio llegó recién en 1963, como pareja de Brigitte Bardot en "El desprecio", de Jean-Luc Godard. Pero la verdadera fama le apareció el 6 de noviembre de 1965, cuando 12 millones de franceses lo vieron hacer el "Don Juan" de Marcel Bluwal en la televisión.
Para entonces ya tenía 40 años y una calvicie más que incipiente. Tenía también, y ahí estaba el secreto, un encanto especial, "mezcla sutil de cinismo y nobleza", según definía ayer "Le Figaro". "Su juego siempre se apoyó en un encanto ambiguo. Este comediante supo ir de la mano con la bajeza. El cinismo es su miel. Y aún así, el espectador jamás llega a detestarlo del todo". Menos aun las espectadoras, que se ponían en el lugar de Lea Massari, Romy Schneider, Stéphane Audran o Catherine Deneuve.
Piccoli tuvo una hija con una actriz suiza, Eleonore Hirt, un largo amor con Juliette Greco, musa de los existencialistas, y se habló también de Romy Schneider, algo que el actor aclara en su libro de conversaciones: "Jamás estuve enamorado de ella, pero la conocí bien. Tuvimos la debilidad de dejarnos llevar por gestos no siempre honestos, pero eso nunca destruyó la amistad que nos teníamos". No dijo nada sobre la amistad con los respectivos cónyuges, ni sobre otros episodios de su vida, que siempre ha mantenido fuera de conversación. "El gran pudoroso", le llaman en Francia, justo a él, que tantas veces hizo papeles de tipo pervertido. Ya grande, se estabilizó con Ludivine Clerc, actriz y escritora que todavía lo acompaña.


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