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“Todo el mundo cree que el arte vive del millonario”
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Ámbito Biz visitó la casa de subastas Martín Sarachaga, en el barrio porteño de Recoleta. En la charla habló sobre el futuro negocio y cómo lo afecta la crisis económica. Sus recuerdos familiares y los secretos de la profesión.

TIEMPOS DE CRISIS
En momentos en que el dólar vuela, el arte no está ajeno a la crisis. Si bien es cierto que funciona como un refugio de valor, una mala decisión puede costar caro. Por eso Sarachaga recomienda asesorarse con expertos antes de tomar una decisión de compra. Los clásicos siempre son una opción segura, pero un artista en ascenso puede revalorizarse con el tiempo y traer grandes beneficios. Para las casas de subasta el desafío hoy es acercar la oferta a la demanda, porque en tiempos de crisis el mercado no se mueve como antes.
"Todo el mundo cree que el arte vive del millonario, del que tiene mayor poder adquisitivo. Generalmente esas personas son el 15%, que ya tiene de todo. Le podés vender una o dos obras al año a un precio alto. Pero el mercado del arte se mueve también mucho por las cosas chicas, aunque acá se ha perdido un poco", cuenta Sarachaga, que piensa que hay que trabajar para cambiar ese preconcepto porque "el arte es para todos". E insiste: "La gente no entiende que una obra puede salir lo mismo que una cartera o un tapado. Entonces prefiere una lámina, cuando por la misma plata se podían comprar un cuadro de un buen artista uruguayo, por ejemplo. Cuesta que dejen de cree que el arte no es para ellos". Por ejemplo, en sus subastas se han vendido en el último año y medio unas 200 piezas con precios que van desde los u$s200 a los u$s500.
PASIONES
La oficina de Martín Sarachaga refleja su amor por el arte y la historia. Cuadros y esculturas decoran las paredes, acompañados de recuerdos y fotos familiares, de su padre, de su abuelo, y de sus ancestros. De hecho, tiene un grabado emblemático de la Batalla de Caseros, de la que participó el bisabuelo de su abuelo, quien fue amigo del general José María Paz. Otras de sus pasiones son el deporte, el cine, el teatro, y el vino. Pero no duda en asegurar que el momento en que se siente pleno en su trabajo es la noche de subasta. "Tres o cuatro días antes siento adrenalina y no puedo dormir. Porque las subastas se arman en función de lo que uno consigue, pero uno no sabe lo que va a tener hasta el momento en que abre la exposición. Me ha pasado que dos días antes me han llamado y vendí fuera de catálogo cuadros de u$s180.000", recuerda.
Antes, el otro momento clave es la tasación de las obras. A diferencia de su padre y su abuelo que hacían la tasación en el lugar, parados frente al artículo que alguien buscaba subastar, Martín Sarachaga prefiere un análisis más cauto, entre dos personas o más, y con debate. "Con el tiempo entendí que hay que manejar la emoción. A veces uno ve un cuadro y con la adrenalina de querer llevárselo le da un precio más alto de lo que vale. De todos modos, siempre procuramos dar una tasación que sea lo más cercana al valor de mercado", explica. La diferencia -o no- en el precio la hace en la subasta. "Yo puedo tener un apreciación de la obra, pero no puedo influir sobre todas las personas que quieren comprarlo. Mi función es tratar de que se logre un precio superior y no bajo el martillo hasta que estoy seguro", comenta. En sus 80 años de historia en el mundo de las subastas, la familia Sarachaga ha vendidos miles de obras de arte, desde cuadros hasta muebles, artefactos, libros y diversas piezas históricas. Pero las más recordadas por sus precios son dos del artista platense Emilio Petorutti: una vendida en 1993 a u$s325.000 y la otra en 2007 a u$s310.000. La próxima exposición será entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre, mientras que la posterior subasta tendrá lugar entre el miércoles 4 y el jueves 5 de octubre.

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